Un extravagante festival de arte pone en el mapa un pueblo olvidado de EEUU

Bombay Beach es un pueblo peculiar, no solo por su nombre exótico sino por su ubicación al lado de un lago moribundo y el paisaje apocalíptico que recibe a los visitantes.

 



Este caserío desértico, que alguna vez fue un próspero centro turístico situado a lo largo del Mar de Saltón, el lago más grande de California, es de las comunidades más pobres del estado, con sus 250 habitantes que parecen haber sido olvidados por el resto del mundo.



La mayoría de las viviendas fueron abandonadas hace décadas, muchos viven en casas rodantes y los automóviles oxidados abundan.



Pero en los últimos dos años, el pueblo ha renacido con la llegada de un grupo de artistas y mecenas que han venido comprando propiedades baratas y organizan un festival de tres días llamado la Bienal -aunque se realiza cada año- de Bombay Beach.



Lanzado en 2016, el festival, que se celebra hasta este fin de semana, es un proyecto de tres amigos residenciados en Los Ángeles: el cineasta y artista plástico Tao Ruspoli; Stefan Ashkenazy, un coleccionista de arte y hotelero; y Lily Johnson White, una filántropa y miembro de la familia Johnson & Johnson.


Ruspoli recordó que supo del pueblo hace más o menos una década, después de que se topó con un libro sobre el Mar de Saltón -creado en 1905 por un error de ingeniería y que ahora se está reduciendo- y quedó cautivado después de una primera visita.



"Es desconcertante, maravillosa y rara", dijo Ruspoli, de 43 años, que es hijo de un príncipe italiano y estuvo casado con la actriz Olivia Wilde. "No tiene nada que ver con la homogeneidad que existe en el resto de Estados Unidos, donde hay un [restaurante] Denny's y una gasolinera en cada esquina".



- La onda de Andy Warhol -
Ruspoli dijo que pagó 20.000 dólares por su primera casa en Bombay Beach en 2011, justo después de divorciarse de Wilde, y que la idea de un festival poco convencional tomó forma en un viaje de fin de semana con Ashkenazy y White.



El diminuto pueblo, de 2,5 km2, cuenta hoy con un museo llamado "Hermitage", un autocine repleto de coches destartalados y un teatro de ópera decorado con chanclas en desuso recuperadas de las playas de Lagos, Nigeria.



Una cúpula de metal desechado, un fuselaje de avión que representa un pez, un tobogán de varillas de hierro retorcidas y dos contenedores en forma de cruz con el interior pintado con figuras religiosas que representan a "científicos perseguidos", son algunas de las obras excéntricas que se exhiben en el festival de este año.



"Si Andy Warhol estuviera aquí hoy, esto sería lo suyo", dijo Kathy Suder, una de las artistas participantes, cuya obra cuenta con 100 tiendas de campaña blancas instaladas en un terreno vacío y que representan a las personas sin hogar y desplazadas.



Lo atractivo de Bombay Beach, subrayó White, es que ofrece un espacio para que los artistas puedan "manifestar los sueños que no son capaces de realizar dentro del mundo del arte comercial".



"Hay un gran espíritu de inadaptación aquí y un poco del síndrome de Peter Pan", dijo en referencia al término acuñado para quienes se quedan anclados en su infancia y tienen miedo a crecer.



Para la fotógrafa belga Kirsten Thys Van Den Audenaerde, que participa en el festival, no hay mejor lugar para que alguien deje volar su imaginación.



"Es como si una bomba hubiera sido lanzada aquí y nosotros fuéramos los últimos en pie", dijo a AFP mientras observaba el paisaje surrealista.



- "Fiesta de barrio" -
Gran parte de las obras de arte realizadas para el festival se obsequia a la ciudad, que recrea la vista de los residentes y atrae cada vez más turistas.


Para evitar que hordas abarroten a la ciudad durante el festival, las fechas del evento se mantienen en secreto. La asistencia es sólo por invitación, con sólo 500 entradas distribuidas a los residentes locales, artistas y patrocinadores financieros.


"No tenemos una agenda financiera, ni mercadeo, no ganamos ni un dólar de esto", dijo Ashkenazy, quien patrocina a muchos de los artistas en el festival. "Es más como una fiesta de barrio".



Dijo que el objetivo final es que los artistas y patrocinadores ayuden a recuperar parte de su gloria pasada de este pueblo fantasma que alguna vez recibió a Frank Sinatra y los Beach Boys, y hasta hace poco servía de set para películas de zombis.



Y este mensaje parece resonar bien entre sus habitantes.



"He venido desde los 70, cuando ni siquiera se podía encontrar un lugar para estacionar y cuando el puerto deportivo estaba repleto de barcos", dijo Debi Cagle, de 67 años, que tiene una casa en el pueblo. "Era absolutamente increíble".



Dean McAfee, de 77 años, que visitaba Bombay Beach desde niño y ahora se ha retirado allí, dijo que aunque no conecte con todas las extravagantes obras de arte, el festival es un cambio bienvenido.



"Está devolviendo la vida a la ciudad".

 

  • Visto: 196