Una galería virtual española, el trampolín para artistas de toda África

EFE | Las múltiples identidades de África, encarnadas en artistas como el sudanés Eltayeb Dawelbait, la congolesa-rumana Maliza Kiasuwa o el keniano Shabu Mwangi, hallan una ventana al mundo en la galería virtual española Gravitart.

"La perspectiva desde Europa se limita al arte tribal, el arte contemporáneo africano es un desconocido" explica a Efe la artista y arquitecta española Verónica Paradinas, fundadora de Gravitart y afincada en Nairobi.


"El arte aquí, en Kenia, está burbujeando, pero aún no tiene estructuras ni un contexto social adecuado", señala Paradinas.


Creada hace dos años, Gravitart reúne obras de unos 35 artistas de todo el continente -desde Egipto hasta República Democrática del Congo, pasando por Sudán, Kenia o Nigeria- y les da visibilidad ante al mundo, si bien muchos ya han expuesto en múltiples países.


Eltayeb Dawelbait (1968, Sudán) es uno de los creadores representados en Gravitart y llegó a Nairobi hace 20 años, con un pasado de intensa actividad política en su juventud que lo llevó a ser arrestado e, incluso, torturado a su paso por la universidad.


Aunque uno de los motivos principales en su trabajo son los rostros, estos no tienen nada que ver con las máscaras tribales que habitualmente aparecen en internet al buscar arte africano, sino que responden a trazos simples con pocos colores para "rescatar al individuo, su sufrimiento y su belleza", explica.


Desde sus inicios, Dawelbait rechazó el uso de lienzos y pinturas convencionales y apostó por materiales callejeros o extraños, como puertas o ventanas de madera antigua, así como tintas fabricadas por él mismo, a base de "limón, cartones, comida o té negro".


El artista rasca sobre esos objetos, algo que es "como un trabajo de arqueología, con una aproximación muy material y física y una dimensión histórica", subraya a Efe, mientras ojea libros de Magritte o Picasso, prueba de sus variadas fuentes de inspiración.


La congolesa-rumana Maliza Kisuwa (1975, Bucarest) también destaca por su heterodoxia y el uso de materiales llamativos, como la lana o la rafia (fibra obtenida de la palmera tropical), que usa para avanzar en "su viaje identitario" a través del arte.


Con un recorrido vital muy diverso, tras crecer en Bruselas y trabajar como enfermera de oenegés en todos los continentes, Kisuwa busca "unir todos esos tesoros" y define su obra como una "reunión de ideas y culturas distintas".


El volcán Nyiragongo, situado en la sierra congolesa de Virunga, o el gran Valle del Rift, que parte en dos el continente, protagonizan las últimas obras de la artista, en forma de cascadas de lana que el espectador puede palpar e incluso atravesar.


"Me fascinan las leyes de la naturaleza y el ciclo de la vida y la muerte", confiesa a Efe Maliza Kisuwa, cuyo arte se basa en materiales tradicionales de África y hace ver a los africanos "que la naturaleza en la cual viven puede ser utilizada como arte".


"La audiencia europea intenta encajar el arte africano en una sola caja y yo no entro en eso", añade la artista, que busca "redescubrir lo africano" empleando técnicas antiguas.


La crítica política también encuentra espacio en Gravitart, por ejemplo, a través de la obra del keniano Shabu Mwangi (1985), cuyos cuadros intentan "dar voz a aquellos que están silenciados".


Paradinas destaca que la obra de este artista se vende mejor en museos que a particulares porque es "incómoda" y, mediante rostros inquietantes de colores más fríos que cálidos, intenta "desnudar lo que es bonito", según el propio Mwangi.


La migración y los refugiados son un tema recurrente en la obra del creador keniano, que reconoce a Efe que "solo algunas personas entienden este arte, porque a muchos les da miedo enfrentarse a los rostros desenmascarados y a la tristeza y muerte de los refugiados".


Shabu Mwangi impulsa una escuela de arte gratuita para niños del barrio marginal de Mukuru en Nairobi, financiada con el dinero que obtienen por su labor creativa, donde aprenden a "usar el arte para explicar la historia de su comunidad y mostrar sus emociones".


Dawelbait, Kiasuwa y Mwangi son ejemplos de la heterogeneidad artística de África, a menudo no reconocida por el público occidental.


Con financiación siempre privada, Gravitart ha organizado hasta cinco exposiciones en distintos lugares del mundo, como Kenia, EEUU o Chile, conservando además un porcentaje ético de los beneficios.


Una de esas exhibiciones se celebró el pasado julio en Kogelo (este de Kenia) con motivo de la visita del expresidente estadounidense Barack Obama al pueblo natal de su padre, donde el exmandatario conoció la obra de 16 artistas de África del Este.


Verónica Paradinas subraya que quiso hacer "una galería profesional y no una fundación para romper con el prejuicio europeo, que ve lo africano como caro, inaccesible y peligroso". EFE

 

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