Si no llega Uber, va JaUbra: la alternativa de transporte en la periferia de Sao Paulo

Cuando Alvimar da Silva descubrió que Uber no atendía algunas zonas de la periferia de Sao Paulo, no lo dudó: si el gigante del transporte privado no llegaba hasta allí, lo haría él.


Conductor durante seis meses de la plataforma, se dio de baja y creó JaUbra, una aplicación que ya cuenta con 50 chóferes registrados y sueña con expandirse a otras comunidades consideradas inseguras de la mayor ciudad de Sudamérica.



Es alrededor del mediodía en una de las bulliciosas calles de Brasilandia, un distrito de 265.000 habitantes en el norte de Sao Paulo. Entre los cables eléctricos asoma un paisaje que mezcla las casas de la parte baja con las precarias construcciones que coronan unos morros a los que pocos entran, y que constituyen el 30% de las viviendas de esta zona a 15 kilómetros del centro.



"Las aplicaciones comenzaron a vetar los barrios considerados de riesgo y lugares medio apartados, de difícil acceso. Pero como nosotros somos de aquí, no tenemos ninguna dificultad", cuenta Alvimar, mientras saluda con el claxon a los vecinos de la calle donde nació hace 50 años.



La criminalidad elevada, una urbanización irregular y con mala conexión a internet hacen que muchos conductores no acepten trayectos aquí, así como en otros distritos de la extensa periferia de esta megalópolis de 12 millones de habitantes, la ciudad que más usa Uber en el mundo. En varios puntos del barrio el servicio no estaba disponible, constató la AFP, y otras aplicaciones no circulan de noche, reclaman los vecinos, que dependen únicamente del transporte público.



- Cambio de vida -
En cuanto se corrió la voz de que él sí entraba en estas zonas de calles retorcidas y sin numeración, Alvimar advirtió que la mayoría de sus clientes eran vecinos que le llamaban directamente o vía WhatsApp para llevarles al médico, al mercado o a los bailes funk del fin de semana.



Imprimió 500 tarjetas con su teléfono y el negocio creció tanto que empezó a compartir encargos con otros conductores del barrio. Había nacido Ubra, abreviatura de "Unidos da Brasilandia", inspirada en el nombre de la empresa californiana, que luego cambió a JaUbra para evitar problemas.



"Aquí hay lugares de difícil acceso incluso para el transporte público, por lo que nos convertimos en la única opción para mucha gente, que perdía hasta consultas médicas", cuenta Aline Landim, quien hace dos años dejó su trabajo en un banco para dedicarse a JaUbra.



Hija mayor de Alvimar, Aline vio que la idea tenía un gran potencial social y aprovechó una reestructuración en su empresa para solicitar el despido e invertirlo en el negocio que su padre manejaba entonces desde un garaje, apuntando los encargos en papel.



Ahora usan una aplicación propia para celular y están a punto de migrar a una plataforma más sofisticada para la que dicen tener 500 chóferes interesados.



"La gente piensa que para emprender hay que tener dinero, pero nosotros empezamos de cero. Teníamos solo un computador, un teléfono, la idea, la creatividad y el espacio físico que donó un amigo", recuerda la empresaria de 29 años desde la nueva oficina.


A este local, aún casi vacío, acaban de mudarse con los fondos recibidos de un programa para emprendedores de la alcaldía, que premió su idea con 32.000 reales (8.400 USD), y el capital cedido por una aceleradora que invirtió otros 20.000 (5.200 USD) en el proyecto.



Con unos 3.000 trayectos al mes, de los que ellos cobran un 15% de comisión, los ingresos de JaUbra todavía dan solo para mantener un negocio al que ella, su padre y su hermano se dedican a tiempo completo.



- "Respeto" -
Aline no se arrepiente de su apuesta, aunque no es fácil emprender en la periferia de una ciudad tan desigual, donde la esperanza de vida puede variar hasta 23 años entre barrios, según un estudio reciente. Pese a que el distrito tiene zonas como Vila Brasilandia, considerada la tercera más violenta de la ciudad, aseguran que hace un año que no padecen ningún asalto.



"Desde que estoy en la aplicación nunca sufrí ni un arañazo. Cuando ven el adhesivo [de Ubra en el auto], la gente dice: 'es del barrio', entonces nadie se mete contigo porque saben que estás atendiendo una demanda y tienen respeto", cuenta Nelson Cobertino, un vecino de Brasilandia que completaba su sueldo de empleado bancario como chófer de Uber hasta que se unió a JaUbra el año pasado.



La plataforma estadounidense -que reconoce impedir solicitudes en áreas, horarios y días específicos por seguridad- anunció el mes pasado el lanzamiento de un programa piloto para mejorar la movilidad en la comunidad de Heliópolis, en el sur de Sao Paulo, en su estrategia por aumentar su creciente presencia en la periferia.



Pero Alvimar no teme a la competencia.



"Al principio todo el mundo pensó que no lo íbamos a conseguir, que íbamos a parar. Pero hace dos años y aquí estamos. Voy a dejarle un legado a mi familia para el resto de la vida", promete orgulloso.

 

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