Los drones, al rescate de los viñedos de Luxemburgo

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AFP |

En el apacible valle luxemburgués del Mosela, un dron surca el cielo con una misión precisa: combatir las plagas de hongos en los viñedos de Corinne Kox, una de las precursoras en Europa de esta técnica futurista.

La joven viticultora empieza a hacerse cargo de las diez hectáreas de viñedos que posee su padre y, a mediados de julio, no dudó en innovar en una parcela de 40.000 metros cuadrados de uva Riesling, introduciendo drones fumigadores.

"Sin tratamiento, no hay racimo", explica a la AFP esta aficionada a las nuevas tecnologías durante un encuentro en Hëttermillen (este).

Para prevenir la aparición de los hongos en las vides, Kox usa una mezcla de azufre y de cobre, que el dron se ocupa de esparcir.

Empleada ya por los viticultores californianos en lugar del tradicional tractor o del helicóptero, "es una opción bastante extendida en los viñedos de Suiza y Alemania", según Robert Verger, del principal sindicato agrario francés FNSEA. 

Pese a su envergadura de casi metro y medio, el aparato impulsado por ocho hélices es manejable y casi silencioso. Para un oído inexperto, el ligero ruido recuerda al de un enjambre de abejas.

Pero no tiene nada que ver con el avión de la película "North by Northwest" ("Con la muerte en los talones", en España; "Intriga internacional", en Hispanoamérica), que fumiga a un Gary Grant escondido en un maizal.

El dron de Corinne Kox se eleva a una altura de entre 1 y 1,50 metros de las cepas y esparce el tratamiento con gran precisión. Un piloto controla el recorrido del aparato desde un extremo de la parcela.

"Nos da una cierta flexibilidad, sobre todo en las pendientes", observa Kox. "Si llueve, con un tractor puede ser peligroso pasar justo después, porque patina", añade. 

El dron tiene una autonomía de 5 a 6 minutos y puede transportar hasta 10 litros de líquido, por lo que vuelve regularmente a su punto de abastecimiento para rellenar el depósito con los fungicidas y recargar las baterías.

 

- "Sobrevolar todo el Mosela" -

Más allá del Gran Ducado, la fumigación de productos fitosanitarios mediante este sistema ya se utiliza en cultivos de huerta en Asia y África, según Robert Verger, especialista en viticultura y drones.

Y, a su juicio, es mucho más segura para el agricultor. "No está en contacto con el producto, así que no se expone a tener un accidente", defiende.

Tanto el dron de la viticultora como el piloto pertenecen a Luxaviation, el principal operador de aviones privados en Europa y el segundo a nivel mundial tras su creación en 2008, con una flota de 260 aviones y helicópteros.

Luxaviation se diversifica ahora en el mercado de los drones agrícolas, en el que ya participan empresas como la suiza Agrofly. 

"Hay otros viticultores interesados", explica Christophe Lapierre, director de Luxaviation Drones. Su presencia en los países productores de vinos facilitó los contactos con otros viticultores, como en Sudáfrica y Australia.

El dron junto con sus accesorios cuesta 40.000 dólares (alrededor de 36.000 euros).

Pero Kox no compró el aparato, simplemente paga el precio del servicio a Luxaviation y espera que al final el precio por usar esta aeronave no tripulada sea "comparable al del helicóptero".

"Todavía estamos en la fase de pruebas, así que no tenemos cifras exactas por ahora, pero la idea es reducir los costes para llegar al precio del helicóptero", dice.

La joven parece, por ahora, encantada. "El año que viene nos gustaría aumentar el número de parcelas (...) para ser capaces dentro de unos años de sobrevolar todo el Mosela luxemburgués". 

Esta región vitivinícola limítrofe con Alemania cuenta con 1.300 hectáreas de viñedos, que el año pasado produjeron casi 136.000 hectolitros de vino, la mayor parte blanco.