La “buena genética” gubernamental

Los últimos Cebú que vi a unos metros de distancia y toque su cabeza con temor, fue a la edad de 9 o 10 años. Fue en La llamada Granja de Divisa donde mis recodados y amados abuelos maternos, Manuel Salvador y María Emilia tenían su casita adjudicada temporalmente a los trabajadores del Instituto Nacional de Agricultura. Su hijo y tío, Gémino Vargas era Ingeniero Agrónomo.

 

 

 

Mi abuelo, un honrado capataz (“wachiman”). Ese término que encabeza esta reflexión la escuché de algunos ganadores cuando tienen fé que el ganado que ellos cuidan es de buena raza y auguran buen futuro.

 

“Que esa” buena genética”, usada con respeto y solo simbolismo ,se traduzca en un gobierno honesto, transparente y que rechacé sin límites la corrupción y la impunidad. Debemos aprender de otros países de Europa, como Dinamarca, Suecia , Suiza, Noruega y Alemania, que encabezan altas calificaciones de bienestar para sus pueblos.

 

Me dirán que es resultado de un genoma diferente. Quizás. Pero esos pueblos han sabido en el tiempo respetar los derechos de sus ciudadanos, que cuidan con un alto celo. Nuestro genoma latinoamericano que probablemente nos conduce a algunas malas costumbres y hábitos puede modificarse.

 

La conducta honrada, transparente, responsable etc. , sustentada en el ejemplo, podrán ser factores epigenéticos de esos cambios.


Eduardo Reyes Vargas
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* El autor es médico.

 

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