Escrito por Gabriel J. Perea R. el Publicado en Columnas de Opinión

¿Cuál es el mejor camino?

Un país se desarrolla sobre su constitución y cuando las cosas por tanto tiempo han fallado y siguen fallando en todos los órganos del estado es hora de reformar la constitución no hay la menor duda de eso. Sin embargo, surge inmediatamente la pregunta. ¿cuál es el mejor camino para realizarlo?


Para responder la interrogante vislumbremos la escena en un jardín de infancia preguntando quien quiere ir al baño, todos levantan la mano, pero como niños que son ninguno consulta a ninguno y mucho menos toma en consideración a los demás.


Entonces la maestra tiene que tomar la decisión según sus amplios conocimientos sobre los niños. Pero el país no es un jardín de la infancia y la escuelita que es nuestra nación se rige por leyes que intentan gobernar sobre las mayorías.

 

En ese sentido una reforma a la constitución tiene que forzosamente transitar por el consenso de las mayorías, no de unos pocos y mucho menos cuando esos pocos nadie los escogió, aunque se auto nombren notables, figura que no existe en la constitución y no se otorga a ningún ciudadano en este país.


Si aceptamos una reforma que intente imponerse sin el consenso de las mayorías irremediablemente por mas sesuda que pretenda ser se estrellara con el rechazo multitudinario de los ciudadanos.


El intentar imponer distintos criterios distintos no tiene asidero, no podemos exigir que nuestros representantes sean escogidos en votaciones libres para el poder ejecutivo y legislativo, pero para reformar la constitución sacarlos del sombrero o que sean personajes cuestionados.
Seamos Serios.  

 

Gabriel Perea
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* El autor es asesor tecnológico.