Escrito por Gina Arias el Publicado en Columnas de Opinión

El acoso no tiene género

Para las mujeres caminar en la ciudad significa encontrarse en una de cada tres esquinas con comentarios inapropiados que van desde invitaciones indecorosas hasta la exageración de algún atributo de la mujer, e incluso, invasión del espacio personal.


Y para colocarle la cereza al pastel, si respondemos de forma cortante al piropo no pedido, ya nos convertimos en las brujas del cuento que no saben recibir un halago de un caballero de brillante armadura.


Pero ¿qué sucede cuando los propios hombres son objeto de acoso por otros hombres?


No es por justificar ciertas prácticas de violación a la intimidad en perjuicio de los hombres heterosexuales, pero es bien conocido que pueden llegar hasta a los golpes si un homosexual los mira con lascivia.


¿Por qué está bien incomodar a las mujeres en la calle? Pero no estamos dispuestos a recibir el mismo trato de sexualización de parte de otra persona. Lo ideal sería que hombres y mujeres puedan caminar por las calles, lugares de trabajo, reunirse con amigos o hasta salir a trotar al parque sin que tengan que recibir comentarios inapropiados de ningún tipo, pero la verdad es que nos tocó vivir en un universo en el que algunos caninos tienen mayor control de sus actos e instintos primitivos.

 

Para que nos quede claro: a las personas no les gusta ser llamadas con silbidos en medio de las avenidas, ni que le toques la bocina en las calles y estadísticamente no quedarán flechadas al escuchar un comentario sobre sus características físicas.  

 

Gina Arias
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* La autora es periodista de Metro Libre.