Lo bueno, lo malo y lo feo

Si del proceso electoral realizado el domingo podemos rescatar algo como “bueno”, fue sin lugar a dudas el comportamiento de la ciudadanía que con tremenda responsabilidad salió temprano a depositar su voto.

Es decir, una vez más se confirmó que al pueblo panameño le gusta ir a las urnas y por tanto, aún considera que este es el mecanismo por excelencia para definir las diferencias políticas electorales.

 

 

Igual, no quedó duda del trabajo realizado por los partidos políticos, así como el de los candidatos independientes que hicieron la gran diferencia y que por tanto, se convierten en una alternativa que tendrá que ser respetada por todos y que, si mantienen su participación en el quehacer nacional, podrían ser una opción válida en el 2024.

 

 

 

“Lo malo” es que no hubo el más mínimo respeto entre unos y otros, sin hacer excepciones, en la guerra sucia que se montó tecnológicamente a través de las redes sociales.

 

 

En el afán de desacreditar y descalificar, los involucrados en esta acción deleznable olvidaron que los candidatos eran seres humanos con familia que merecían respeto.

 

 

La intolerancia en este tema marcó la diferencia con otras campañas donde lógicamente no existía esta herramienta de comunicación social. A futuro las autoridades tendrán que buscar mecanismos más eficientes para identificar a todos los que dan rienda suelta a la vulgaridad, el insulto, el agravio, etc., y así defender a quienes deciden honrar su vida pública a través del voto electoral. Y por último, “lo feo”.

 

 

Estoy seguro que en el Tribunal Electoral hubo de sobra la mejor intención para lograr un torneo limpio y que el nuevo Código Electoral se convirtiera en garante de un torneo equilibrado y justo.

 

La práctica demostró que hubo complicidad con los “honorables” diputados para que en la práctica estos tuvieran ventajas sobre los nuevos aspirantes, limitando el tiempo de publicidad y el dinero disponible.

Ojalá esto se corrija para impedir nuevamente una pelea entre tigre “y burro amarrado”.
* El autor es periodista.

 

 

 

 

 

 

 

Euclides M. Corro R.
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