Y todo comenzó a cambiar

Y todo comenzó a cambiar. Nos cuenta la leyenda que existía una angosta franja de tierra donde los pobladores eran tan ingenuos que creían ciegamente cualquier cosa que les dijese aquellos enquistados en el poder.

Como llegaron al poder, nadie lo sabia y el que lo sabia no se atrevía a desafiarlos.


Su palabra era ley y los pobladores se tenían que conformar con las migajas que ocasionalmente caigan de la mesa de los enquistados.


Nadie más podía enquistarse en el poder porque ellos eran los únicos que afirmaban que tenían las capacidades para gobernar. Los pobladores deseosos por una mejor vida no se revelaban a pesar de las penurias porque la desesperanza aprendida ya era parte de ellos y se trasmitía de generación en generación.


Pero un día ocurrió algo extraño y fue que alguien se atrevió a preguntar. ¿es que siempre tiene que ser así? ¿siempre tenemos que ser pobres y obedecer a los enquistados? ¿no podemos cambiar las cosas? Pero nadie le contestó porque era humilde y su voz se desvaneció, pero el insistió y grito más alto ¡yo no sé cómo cambiar las cosas, pero hay quienes si saben! ¡donde están! Pero el silencio nuevamente reinó.


Sin embargo al día siguiente alguien disertaba que las cosas tenían que cambiar y otros le escuchaban y luego otro y otro y esos otros eran los que si sabían cómo cambiar las cosas. Ellos habían escuchado y todo comenzó a cambiar. 

 

 Gabriel Perea
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
* El autor es asesor tecnológico.

 

  • Visto: 748