Silencio cómplice de mujeres afecta a candidatas

La ley electoral logró algunos avances en las pasadas reformas. Avances que lograron las mujeres en la Comisión de Reformas Electorales. En un acumulado de aportes que se han realizado en varias reformas electorales.

 

Es bueno recordar quiénes se quemaron las pestañas durante el último proceso, aunque no se alcanzara todo lo que las mujeres merecían: Lorena González, Guilia De Sanctis, Maribel Coco, Argelis Ospino, Cristina Torres, Janeth Cuestas.

Porque hay que visibilizar los esfuerzos de las mujeres, las de ayer y las de hoy. Las que nos atrevimos en todos los espacios a denunciar y a proponer, incluyendo en las anteriores Comisiones de Reformas Electorales y las que estuvieron participando activamente en el momento en que fue aprobada la paridad con algunas excepciones para que quienes dirigen los partidos políticos pudiesen hacer uso de esas excepciones como si fuesen la norma.


Los resultados de las candidaturas que los partidos políticos ofrecen al país en esta campaña, nos demuestra que las mujeres no debemos “conceder” bajo el pretexto de consensos, a nuestras aspiraciones. Ya suman muchos años de ceder para que la Asamblea apruebe unas reformas que les obligue a respetar la paridad. Cedimos para que a nivel presidencial no fuese obligatorio y sólo dos candidatos y una candidata tuvieron el sentido común de ofrecer al electorado la paridad en sus fórmulas.


Cedimos ante las Secretarías de Mujeres y Frentes Femeninos de los partidos para darle la opción a quienes no querían mujeres como suplentes, con el fin que éstas extendieran una certificación al Tribunal Electoral diciendo que “no había mujeres disponibles” en los circuitos, distritos y corregimientos electorales.

 

Y los candidatos, aupados por los directores de sus partidos, hicieron caso omiso a las múltiples notas que las mujeres enviaban a las Secretarías de las Mujeres y Frentes Femeninos, anunciando su disponibilidad para ser candidatas.

 

Cuando se les amenazaba con denunciarlos, fueron creativos, solicitando al partido con el que habían hecho alianza, que solicitaran ese espacio de suplencia y obligaban a su candidato preferido a inscribirse en el partido aliado para desde allí, poder postularlo en el cargo de suplente, eliminando la posibilidad de las mujeres, de sus propias copartidarias de estar en las listas electorales y además, respetar la ley.

 

Las Secretarias Femeninas y Frentes Femeninos de los partidos conocieron de todas estas artimañas. Callaron. Guardaron un silencio cómplice “porque hay que proyectar una imagen de unidad”, para aspirar a ganar las elecciones.

 

Eso es lo más importante. Se conforman con soñar que mañana las cosas serán diferentes. Hay que reconocer que en todos los partidos hubo mujeres líderes fuera de los estratos directivos que una y otra vez dieron la pelea para que las cosas no fuesen tan burdas. Lograron algunas postulaciones pero la gran mayoría, fueron atrapadas por los hombres machistas, patriarcales, verticalistas, irrespetuosos de las leyes, homofóbicos.


Este 8 de marzo, es bueno recordar que las 120 mujeres que fueron asesinadas el 8 de marzo de 1857 en Nueva York, trabajadoras de una fábrica de textiles, que marchaban en contra de los bajos salarios que percibían (menos de la mitad de lo que ganaban los hombres), no murieron para que las mujeres de este siglo guarden silencio ante el incumplimiento de la ley de paridad.

 

Esos garrotes que los policías golpearon sobre sus cuerpos para dispersar brutalmente la marcha y que ocasionaron sus muertes, no merecen este silencio cómplice para quedar bien con el gato Benicio, o don Popi, o el varonil Saúl o el vampiro Roux o Pancho y comitiva.


Las mujeres que fueron afectadas tienen que saber que pueden escribir al Tribunal Electoral y demostrar con pruebas que enviaron sus notas de disponibilidad para que se conozca que las Secretarías y Frentes Femeninos firmaron certificaciones sabiendo que si había mujeres para ser tomadas en cuenta como candidatas.


Mientras tanto, este 8 de marzo yo no voy a guardar ningún silencio cómplice ni porque sean mujeres. Porque al final de la historia, hay mujeres comprometidas con su género y hay mujeres solamente.

 

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