Que se imponga la decencia

Ahora sí sonó la campana y se inicia la verdadera guerra por alcanzar el premio mayor; o sea, la presidencia de la república, en medio de mucha incertidumbre sobre el comportamiento de los principales actores de esta contienda.


Las reglas del juego han sido establecidas por el Tribunal Electoral y es cuestión que las mismas sean respetadas. Sin embargo, lo anterior seria en un mundo idílico donde todos pudiéramos esperar una actitud responsable, pero sabemos que sería ilusorio pensar que no se darán golpes bajos, sacar los trapos sucios, etc.


En la etapa de calentamiento ya hemos visto algunas publicaciones en las redes sociales que nos hacen sospechar que se repetirá la historia y seremos testigos de aquello que en la política “la decencia se quedó en casa”. Reitero mi confianza que esto no será así, pero si nos remitimos a las pruebas. Tendremos un camno lleno de sobresaltos, lamentaciones y decepciones. Trato de ser optimista, pero la experiencia nos indica que de nada valdrán las advertencias de las autoridades de garantizar el buen comportamiento de los candidatos y sus seguidores.


Lo que si estamos seguros es que quienes den un paso en falso y violenten las reglas, serán sancionados. Y en esto se debe ser inflexible si al final queremos alcanzar una plena transparencia en los resultados y que todos entendamos la importancia de promover la estabilidad política y social de la nación.


Tendremos dos meses de mucho “matraqueo”. Los candidatos a la presidencia deben constituirse en ejemplo de “manos limpias” y velar que los que también aspiran a otros puestos de elección (diputados, alcaldes y representantes) asuman igual actitud.


No importa si se trata de partidos políticos o de libre postulación. Dependerá igual de todos nosotros entender que está de por medio el futuro de un país que debe constituirse en ejemplo de buena democracia y de decencia. Esto es lo más importante. 

 

Euclides M. Corro R.
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* El autor es periodista.

 

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