¿Pacientes o clientes?

Mi hermano murió hace poco. Al conversar con su esposa conocí detalles que ponen a la medicina a medio camino de la humanización y la visión empresarial.

 

Un paciente, no es un consumidor, ni un instrumento para “sangrar” a las compañías de seguro, que el economista Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, acusó de invertir un gran porcentaje de sus presupuestos en estudiar como privar a sus asegurados de la mayor cantidad posible de servicios.

Uno no visita un hospital porque quiere, sino porque lo necesita. Uno no elige una enfermedad o accidente. Un servicio de salud, aunque se pague, no es una transacción comercial sino el medio para una atención humana, el intento de curar una enfermedad.

Ponerse en manos de médicos implica confianza, que se gana a través de actitudes, conocimientos y sensibilidad. A diferencia de otros profesionales, de ellos se esperan rangos de vocación y ética superiores.


No tengo pruebas para culpar a nadie, pero si para agradecer a quienes dieron lo mejor y acompañaron a mi hermano en este proceso.


No obstante, siempre hubo alguien ausente de sentido humano. A ese va el mensaje de que un buen médico no es el que más pacientes o diplomas tiene, sino el que más se preocupa por ellos.


* La autora es comunicadora social.

 

María Teresa Patiño
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