Lo políticamente correcto (PC)

La expresión ‘Lo políticamente correcto’ (PC) tiene una historia de poco más de un siglo y diversas interpretaciones en las que se envuelven pugnas y controversias entre escritores, políticos y lingüistas en la prensa norteamericana y, principalmente, entre socialista y comunistas y conservadores y liberales.

También se habla de sentencias judiciales y el lenguaje equívoco utilizado para interpretar las leyes según ideologías de moda. Es todo un revoltillo sazonado con el relativismo moral que, en nuestros días, nos resulta muy confuso, pero útil para advertir principales aspectos negativos de la revolución cultural que vive (más bien, sufre) la sociedad mundial y que amenaza con destruir nuestra rica milenaria y rica herencia cultural de raíces greco romanas y judeo cristiana.

Lo PC se refiere, también a la conducta humana. La ética tradicional queda eliminada. El criterio sobre el bien y el mal no se enmarca en la naturaleza, ni en el sentido común, ni en la sana razón ni en la religión; sino en los sentimientos libres del individuo, que se percibe así mismo, no como hombre o mujer según el sexo con el que nace, sino como “cuerpo hablante “, quien decidirá según la ideología de género y lo políticamente correcto, que género decidirá tener ibremente (?) entre los más de cien que reconocen en la ONU los promotores de derechos supuestamente fundamentados en la ideología de género.

El peligro principal de lo PC es el daño que se hace al lenguaje de todos los países de Occidente, empobreciéndolo hasta el ridículo. Por eso es frecuente escuchar sobre “privados de libertad” para referirse a secuestrados, presos, reclusos, retenidos, detenidos, los atados, los amarrados, los inmovilizados, etc.

Ya no hay ni maestros, sino “trabajadores de la educación.”; ni existen ladrones, sino “amigos de lo ajeno”, en el igualitarismo social de lo políticamente correcto.

En tiempos de mi abuela, era distinto. Por ejemplo, al empleado público encargado de examinar las heces de los niños en las casas de los ciudadanos, en Las Tablas, le decían, con todo cariño y respeto: “Ahí viene el mierdero”.

Y nadie se ofendía. Pero, hoy, en España, se habla de feminizar los nombres de los meses del año, para no ofender a las feministas. Los años serán “bisiestas” o no.

Lo malo para las feministas de género es que, como a los ladrones los llamamos propiamente cacos; a las ladronas feministas habrá que llamarlas. Cacas. Eso sí, con mucha cariña.

Miguel A. Espino Perigault
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.* El autor es periodista.