La Libertad de Expresión (LDE)

Reconocida como derecho humano en todas las constituciones políticas de los países civilizados y en la Carta de las Naciones Unidas (bastante irrespetada). La Libertad de Expresión (LDE) suele tomarse principalmente como un derecho relacionado con el periodismo y los medios; pero es mucho más.

 

Hoy día, la LDE protege los ejercicios de la “objeción de conciencia”, de la “Patria Potestad” y de la “libertad religiosa”, amenazadas por las nueva izquierda y la ideología de género. Relacionada históricamente con el periodismo, la LDE ha estado, siempre, vinculada a la política y a la religión; es decir, a César y a Dios. Pero, a lo largo de su milenaria historia, desde las Actas Diurnas romanas hasta hoy, ni los seguidores de César ni los de Dios han sabido manejarse correctamente siempre.

Los movimientos políticos y religiosos fundamentalistas le niegan la LDE a quienes no piensan ni se expresan como ellos. Además, persiguen a los defensores de la cultura tradicional.

En nuestros días, como quizá nunca antes en la historia de la civilización occidental, la libertad de expresión está amenazada y en peligro de extinción. Una desgraciada realidad creciente en sociedades que se proclaman progresistas.

En nuestra sociedad, felizmente, contamos con un sano y valiente periodismo de ideales democráticos, con los defectos que le corresponden como obra humana; pero con periodistas y comentaristas de opinión que mantienen vivo y fresco el cuestionamiento de ideas y de hechos sociales en un permanente debate favorable al bien común.

 

Miguel A Espino Perigault
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* El autor es periodista.

 

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