Hablemos de libertad de prensa

El tema de la libertad de prensa puede ser motivo de muy amplios análisis y muy pocas coincidencias finales. Hay quienes sostienen –y entre ellos nosotros- que la misma es exclusiva de los dueños de los medios, quienes al final del camino siempre velarán por sus intereses.

Creo en la libertad de expresión como un derecho inherente de todo individuo y por tanto, una alternativa irrenunciable de toda sociedad. Por ello es que con la aparición de las famosas “redes sociales” la comunidad no solo participa sino que tiene acceso a la información plena.

El problema surge cuando los individuos no sopesan la gran responsabilidad de entender que una cosa es la libertad y otra el libertinaje. En la primera debe existir respeto y mesura, pero sobre todas las cosas, sentido de ética profesional. En la segunda, ninguna de estas cualidades es respetada. No es cuestión de retórica.

En el ejercicio de esta profesión, durante 50 años, me ha tocado vivir esta realidad. Siendo director de algún medio, al final del camino se imponía el criterio del dueño del medio. Claro que como periodistas teníamos que luchar para que prevaleciera la verdad y la justicia. Y no es cuestión de ser valientes, sino conscientes de la realidad y la inteligencia para entender que lógicamente quienes dirigen un medio de comunicación social no son dueños del vehículo, pero sí del trabajo que allí se realiza.

Los periodistas tenemos el deber, la obligación inclaudicable, de no ser utilizados a favor de este o aquel interés; sino de hacer que prevalezca la verdad.

Por ello, soy el primero en respaldar a mis colegas cuando en ejercicio de la profesión se pretende intimidarnos o acosarnos para que tergiversemos la verdad, o dejemos de ser vehículos de la información a la que tienen derecho nuestro receptor; o sea, el público.

Por supuesto que hay que defender la libertad de expresión. Es el derecho –reitero- que tiene todo individuo para decir su verdad sustentada en hechos ciertos. El periodista es el intermediario. Al final del camino, no es justo que se pretenda matar al mensajero porque era portador de malas noticias.

* El autor es periodista.