Puentes anti-peatones

Cuando hay un accidente vial no se investiga científicamente para ofrecer una solución igualmente científica. Nadie revisa el vehículo accidentado, los peraltes de las carreteras, Si el diseño de la vía cumple las especificaciones para los vehículos que ruedan en el país. Lo más fácil es señalar y condenar a los conductores.

Sucede que en el país se registran a la fecha más 200 muertos , de las cuales 82 son por colisión, otros 13 en vuelcos Y 78 por atropello. Este último evento se debate sus causas y posibles soluciones.

El año pasado se contabilizaron 422 víctimas. Como todo país subdesarrollado, escucho las más disparatadas soluciones al problema de los atropello por vehículos, y generalmente, como la soga revienta por lo más delgado, la culpan al conductor .

Ahora nos apresuramos a construir pasos elevados peatonales, que muchos activistas en otras partes del mundo califican de discriminatorios, porque personas con limitaciones físicas o enfermedad, deben desviar sus pasos hasta los puentes, lo que implica más tiempo y esfuerzo, los construyen poco amigable para los usuarios vulnerables como niños, personas de la tercera edad . Y no hablemos del costo…millonario.

Un estudio realizado en el 2008 por el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), reveló que 26.68 % de los accidentes en la Ciudad de México ocurre a menos de 300 metros del 66.45 % de los puentes peatonales, por ende, la construcción de puentes "antipeatonales" tiene una lógica de ingeniería urbana para el desplazamiento de los vehículos y no de prevención de lesiones.
En Francia hay una campaña para concienciar los peatones distraídos, en patinetas, o el celular, les suena un frenazo de auto y son fotografiados para que vean el horror de sus últimos segundos de vida.

Yo soy partidario de los pasos a desnivel que proliferan en las grades ciudades del mundo desarrollado. Que sirven de museo, de refugio ante las tormentas, escenarios de artistas callejeros, murales y avisos y sobre todo, mucho más baratos que las feas estructuras que construimos en nuestro país.
* El autor es periodista.

 

Melquiades Valencia
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