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Salsipuedes, “La calle del espanto”


Salsipuedes, es uno de los sitios más emblemáticos de la metrópoli del Canal, es asesinada por el alcalde Blandón, tanto es el maquillaje que pierde la magia, encanto y atractivo.

Los aromas inéditos de los orientales desaparecen. El bullicio es silenciado. Salsipuedes muere por la modernidad millonaria de una inversión al estilo de Odebrecht.

La Calle del Espanto, locura narrativa de Sir Richard Brooks, es el texto testimonial que nos queda para conocer lo que fue Salsipuedes, eje de un barrio caliente, asiento del juega vivo.

El primer capítulo nos cuenta de los espejuelos misteriosos, de un raro brillo metálico multicolor, que llevan a Palillo, Hormiguita y el Grillo a ser protagonistas de un acontecer imborrable en el devenir panameño.

Palillo se asusta ante la hilera de chinos descalzos y de pies amarillos que cuelgan en la ruta del Caballo de Hierro. Un suicidio colectivo.

Luego un huracán de relámpagos, de sangre y muerte lo estremecen, presencia el incidente de La Tajada de Sandía.

El Grillo no resiste la tentación de lucir unos lentes pifiosos, un miedo inmenso lo detiene. Ve gente vestida con ropas de otra época. Alguien grita van a fusilar a Victoriano Lorenzo.

Un pelotón escolta a un hombre de piel cobriza, baja estatura y pelo lacio, de contextura delgada. Luego un lluvia de plomo. El Grillo sigue a la multitud detrás de la carreta de la basura que lleva al cholo del Cacao.

Las gafas mágicas atraen la curiosidad de Hormiguita, los institutores llevan la bandera panameña al cruzar la alambrada de la 4 de julio.

Matan a Ascanio Arosemena. Los niños de la calle saben ya lo que se esconde en esos anteojos. Rogelio Sinán crea un poema inolvidable.

La Calle del Espanto solo está en Ribasmith.

 Ricardo Ríos Torres
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* El autor es docente y escritor.

 

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