Cuando se tergiversa la historia

  • Euclides Corro
Euclides M. Corro R. |

Reconozco que soy un necio en el tema de las redes sociales, especialmente en aquello de utilizar las mismas para desacreditar, insultar, burlarse o darle paso a la vulgaridad rampante, sin que existan medidas efectivas para controlar, no la libertad de expresión, sino el libertinaje impune del que gozan los que promueven esa guerra propia del irrespeto.

No se vale incluso, en ese afán de desprestigiar a algunos actores de la política nacional, desvirtuar la historia demostrando no solo ignorancia sino también irrespeto al resto de la comunidad. Abundan jóvenes en su mayoría, que ignorando los acontecimientos y las circunstancias de los eventos económicos y sociales del país, escriben como si fueran expertos en la materia y al hacerlo caen en la mentira histórica.

Eso sucede cuando sus conocimientos se basan en las referencias de los que solo viven de sus frustraciones políticas. 

Para nada hago alusión a partido político alguno ni a actores de los que por alguna u otra razón decidieron colocarse en la vía contraria y a favor de su propia y exclusiva verdad. Todavía es muy temprano para calcular el daño histórico que se le hace al país con estas diatribas.

Sin embargo, un análisis serio determinaría que en un par de décadas llegará el momento en que muchos no sabrán distinguir dónde se separa la verdad de la mentira, y únicamente estaríamos viviendo en base a la percepción de lo que un día se plasmó en las redes sociales.

Muchos me dirán que para eso están los libros, los archivos periodísticos y muchos otros recursos dónde se podría encontrar parte de la realidad de nuestra historia; sin embargo, cometeríamos el papel de ilusos si olvidamos aquello de que “una mentira repetida mil veces, puede llegar a convertirse en una supuesta verdad”.

Estoy muy lejos de ser alarmista o pesimista. Solo intento hacer una advertencia de un tema que a todos nos debe preocupar hoy y que debemos tomar medidas ahora, antes que mañana sea demasiado tarde.

* El autor es periodista. 
 

Euclides Corro 
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