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Cannes se divide con un drama sobre el sida en los años 90

La primera gran conmoción vivida en el Festival de Cannes llegó de la mano de uno de sus directores más queridos: el realizador francés Christophe Honoré, quien dividió a la crítica con “Plaire, aimer et courir vite”, un drama sobre el sida y la homosexualidad en los años 90, aplaudido y rechazado a partes iguales.

Calificada de "necesaria" y "profunda" o de "tediosa" y "complaciente", la película cuenta la relación entre un joven de 22 años y un escritor cercano a la cuarentena enfermo de sida y que ve cómo se aproxima el final de su vida. Como si fuera la otra cara de 120 BPM, presentada en el certamen el año pasado y que cosechó multitud de parabienes, en la historia de Honoré el drama del sida no es el asunto principal, según explicó en rueda de prensa el propio cineasta, sino que señaló como su objetivo el explorar la manera en que nos sentimos un poco solos cuando perdemos a nuestros ídolos.

Con elementos autobiográficos -el realizador es original de Rennes, como el joven de la película, y también se trasladó a París persiguiendo sus sueños-, la narración transcurre a dos velocidades en la Francia de 1993.  La del joven Arthur (Vincent Lacoste), cuya vida se acelera a medida que el filme avanza, y que se cruza con Jacques (Pierre Deladonchamps), que está en un momento de ralentización y de renuncia a todo.

"Dos velocidades contradictorias que eran un elemento esencial para que se viera el contraste entre los personajes en la película", indicó Honoré.  Un realizador que quería reflejar el periodo de sus veinte años, aún vivo en su memoria, y mostrar el "sentimiento de una época en la que intentábamos huir de la manera más rápida posible".

"El desafío de este filme era encontrar una fotografía sensible de esos años, que corresponden a mi juventud, pero sin una mirada demasiado nostálgica", precisó un realizador con títulos como Les chansons d'amour (2007) y Les bien-aimés (2011).

 

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