La casa de García Márquez, una peregrinación a su recuerdo

EFE | En Aracataca está omnipresente su hijo ilustre, el nobel Gabriel García Márquez, cuya Casa Museo es punto de peregrinación de amantes de su obra y de las nuevas generaciones que crecen a la sombra de sus historias. 

 

Rescatada de las ruinas en la década del 80, la casa de los abuelos, donde Gabo nació el 6 de marzo de 1927, fue reconstruida con base en estudios aprobados por el escritor y su familia, y en 1996 el Gobierno la declaró Monumento Nacional.

Desde 2010 la propiedad es administrada por la Universidad del Magdalena y hace parte del conjunto patrimonial que incluye también la Casa del Telegrafista, donde trabajó su padre Gabriel Eligio García; la Iglesia de San José, en la que fue bautizado Gabo, y la Estación del Tren, tan presente en su obra. Recorrer la Casa Museo es dejarse llevar por las reminiscencias de su obra, en especial de "Cien años de soledad" y de sus memorias en "Vivir para contarla".

El visitante accede por el Corredor de las Begonias y a partir de allí se encuentra con las diferentes estancias, como el Cuarto de los Abuelos, la Sala de Recibo, el Taller de Platería, la Sala de Visitas, la Cocina y su Despensa, el Comedor, el Cuarto de Sara Emilia, el Cuarto de Hospital, la Oficina del Abuelo y el Cuarto de los Trastos.

En mitad del corredor está el Cuarto de Gabo Niño, una habitación sencilla, decorada con imágenes religiosas que parecen custodiar desde las paredes una cuna y una cama metálicas. Fue en ese lugar donde, según la descripción de la habitación, "se grabaron las primeras sensaciones y emociones de su infancia: el afecto de su abuela, los olores de la casa, las voces de los seres queridos que lo rodeaban".

En la parte de atrás, después del patio, está el Cuarto de los Guajiros, como el de los indígenas Visitación y Cataure, dos hermanos que estaban a servicio de los Buendía en el Macondo de "Cien años de soledad". "Aquí mantenemos todo con esfuerzo", dice a Efe el coordinador de la Casa Museo Gabriel García Márquez, Rafael Jiménez Padilla, quien destaca que la institución se financia con subvenciones oficiales porque la entrada es gratuita. "Nosotros decimos que el único compromiso es que quieran y que lean a García Márquez; la gente entra y queda encantada", afirma. Según sus datos, en 2016 la Casa Museo recibió cerca de 23.000 visitantes y el año pasado fueron casi 25.000.

Entre los extranjeros, los visitantes más numerosos son los argentinos, seguidos de los mexicanos, españoles y chilenos. "Es una buena cifra porque nos falta promoción de las entidades de turismo nacional", añade. La imagen de Gabo y su obra están por todo el pueblo en murales y comercios, como el de un joven que en frente de la Casa Museo instaló una mesa con un mantel blanco decorado con mariposas amarillas y el nombre Macondo. Sobre ella, ofrece libros y unas pocas artesanías.

A su lado, Héctor, disfrazado de mimo, busca ganarse la vida vendiendo retratos pintados del nobel. Sin embargo, a Aracataca, distante unos 100 kilómetros de Santa Marta, la capital regional, le faltan infraestructuras para el turismo pues no cuenta con un hotel apropiado y los restaurantes son escasos. Jiménez reconoce que la imagen que los cataqueros tienen de su Nobel ha cambiado para mejor pues las generaciones anteriores no supieron valorar su obra por aquello de que "nadie es profeta en su tierra".

"Lo que pasa es que la gente a veces es fregada. Las generaciones anteriores, las más cercanas a García Márquez, siempre lo vieron como con rivalidad, no le reconocían", afirma. En esos tiempos muchos "lo confundían con el presidente de la República" y le criticaban que con su prestigio universal no lograra que se hicieran obras en su pueblo, "pero él no estaba para eso, él era un escritor, no estaba obligado a pavimentar las calles ni a arreglar el acueducto", sentencia. Una obra esperada es la nueva biblioteca pública Gabriel García Márquez, que tendrá una inversión de 520 millones de pesos (unos 185.000 dólares), según anunció esta semana la ministra de Cultura, Mariana Garcés, en una visita a Aracataca. Jiménez considera que los niños y jóvenes de ahora lo ven con otros ojos gracias a programas como "Gabolectura", que busca sensibilizarlos con su obra desde la escuela. Esa pasión ya la tiene Darlys Cáceres, una joven guía turística que recuerda el día que el escritor visitó por última vez Aracataca, después de 25 años de ausencia, a bordo de un "tren amarillo" como el que en los años 20 recorría la zona bananera del norte de Colombia. "La última vez que Gabo estuvo aquí, que Aracataca tuvo ese placer, fue el 30 de mayo de 2007. Fue un día bastante esperado, Aracataca estaba a la espera de su hijo ilustre, y fue tanta la gente (...) que no se podía bajar del tren porque todo el mundo quería tocarlo, todo el mundo quería besarlo", resume.

 

  • Visto: 371