El Lollapalooza berlinés rozó el colapso con un récord de visitantes

EFE| El festival Lollapalooza, que se cierra hoy en Berlín, rozó este años el colapso, al superar la cifra de los 85.000 visitantes en un nuevo emplazamiento, un hipódromo en la periferia de la capital alemana, para el que aparentemente no se había previsto un transporte público eficaz.

La primera jornada, el sábado, se saldó con más de 3.000 personas, en su mayoría jóvenes, tratando de regresar a casa pasada la medianoche en el servicio de metro, totalmente desbordado en su capacidad, entre empujones y algunas escenas de pánico.

Hasta tres horas tardaron algunos en lograr el objetivo de subirse a alguno de los vagones, mientras la Policía reforzaba sus efectos en el lugar y los organizadores buscaban remedio de urgencia a la situación.

Unas 40 personas tuvieron que ser atendidas por problemas respiratorios o ataques de ansiedad, aunque, según medios locales, la mayoría logró volver a casa por sus propios medios. Las fuerzas de seguridad llegaron a cerrar el acceso a la estación del metro, un largo puente, durante dos horas, ante la evidencia de que el lugar estaba abarrotado.

Los organizadores explicaron hoy que habían dispuesto un servicio especial formado por unos 200 autobuses para garantizar el transporte de regreso a casa, pero, al parecer, este servicio no era conocido por muchos de los asistentes, que se lanzaron de todos modos hacia la conocida estación de metro.

Para el cierre del festival, hoy, los organizadores y el servicio de transporte público -BVG- han garantizado que los trenes circularán con mayor frecuencia para evitar nuevas aglomeraciones. El Lollapalooza se ha consolidado en el circuito de grandes festivales de la capital alemana y aunque este año arrancó con un ambiente gris y bajo la lluvia congregó a casi el doble de visitantes que en su primera edición, hace dos años. Las entradas habían salido a la venta de antemano, para las dos jornadas de festival.

Era el primer año en que se desarrollaba en el hipódromo del Hoppegarten, ya que en 2016 se vio obligado a abandonar su acostumbrada sede en el antiguo aeropuerto de Tempelhof debido a que este se habilitó como centro de refugiados.

 

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