Una medida agridulce

La decisión  soberana de Panamá, de restablecer el requisito de una visa estampada para  los ciudadanos venezolanos que vengan a nuestro país era necesaria, al menos, mientras dure la crisis en Venezuela.

 Detener el flujo migratorio que aumentó en los últimos tres años, no es un capricho político ni un asunto de discriminación o falta de solidaridad.Ya 35,000 venezolanos tienen un estatus legal y otros 25,000 será trados de la misma manera. Panamá hizo lo que le correspondía, para proteger sus intereses nacionales

 

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