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Misión: impedir que el mundo se destruya

Hasta el día de hoy, gran parte de los profesionales de la generación antepasada aún se aferran injustificadamente a sus puestos.

Si bien es cierto que muchos de ellos aún conservan una energía admirable, también hay muchos más que no rinden e impiden un necesario relevo generacional en vista de lo cambiante que es el mundo.

Además, la nueva generación, a la cual pertenezco, toma lerdamente los puestos de mando del mundo con la tendencia de acarrear los errores de nuestros antecesores, pero con el comodín de sus aciertos.

Estos aciertos tienen que ser nuestro punto de partida, en el momento que nos toque tomar las riendas y hacer los cambios.

Pero, ¿acaso es esto posible? ¿No será que nuestra vitalidad y nuestro conocimiento del pasado y el futuro, que está cada vez más al alcance, paradójicamente nos conduzca hacia un ingenuo optimismo? Tal vez.

O más bien esa vitalidad sea el motor y el conocimiento la guía para no caer en los mismos baches que nuestros antecesores? Quizás.

El escritor Albert Camus dejó escrito: "Cada generación, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea acaso sea más grande.

Consiste en impedir que el mundo se destruya". Camus vivió la Segunda Guerra Mundial, por eso es franco y algo pesimista en esta frase, ya que esta es hija de su época.

Ahora, ¿no será más bien esta frase hija de todas las épocas?, ¿estamos mejor que antes? Y qué tal si la frase de esta generación sea: “Ahora nos toca la colosal tarea de impedir que el mundo, por enésima vez se destruya mientras luchamos por rehacerlo".

Juan Zamorano
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* El autor es estudiante de Producción audiovisual.

 

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