Revanchismo político

El país vive una controversial vorágine política en la que el fantasma de la traición y la conspiración pareciera nos tiene a todos enredados. De uno y otro sector se aviva la llama de la desconfianza e incluso, se viven momentos donde es difícil darle valor al concepto de “lealtad”.

Las redes sociales han alimentado de manera incontrolable el “bochinche” político y lo que es más grave, son muchos los que le prestan atención y peor aún, le dan credibilidad. Lo que está sucediendo en nada contribuye al sosiego porque a los más altos niveles muchos no confían siquiera en su sombra.

Cualquier reunión sirve, permite y fomenta los más dislocados temas sobre lo que ocurre en el país y la existencia de supuestas “vendettas” contra adversarios políticos e incluso, campañas para descalificar a los medios informativos y desacreditar a los periodistas. Vivimos un ambiente de miseria. De enanismo político.

Donde lejos de exponer ideas y que las mismas sean respetadas; lo que ocurre es todo lo contrario. Falta capacidad para entender que en un rejuego democrático, todos tenemos derecho a disentir de otros, y viceversa. Ojalá que todo esto no llegue a mayores consecuencias.

El diálogo debe prevalecer, y sobre todas las cosas, asumir que las ideas ajenas se respetan e incluso, aunque no nos gusten o no compartamos las mismas, defender el derecho de otros a no opinar igual que nosotros. Nadie es dueño de la verdad absoluta.

Las derrotas políticas deben formar parte de la experiencia y no asumirlas como algo de vida o muerte; o más grave, “el que me las hace, me las paga”. Esto sería abominable e irracional.
* El autor es periodista.

Euclides M. Corro R.
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