Dr. Hugo Spadafora: ¡Su último combate! La dolorosa noticia y mi actuación

Breve nota introductoria: A los difuntos no debe molestárseles en su juicio espiritual, donde todos tenemos un solo Juez Justo.

No obstante, las sociedades tienen el derecho de conocer su historia; y ésta la construyen principalmente seres humanos, vivos y muchos otros muertos. Por no narrarla- ya que pocos se dedican al oficio de escribir- casi siempre esos hechos que marcaron hitos, se convierten en narraciones orales vueltas luego leyendas urbanas, con enormes vacíos y llenos de medias verdades o falsas ocurrencias.

En mi caso debo hacer, por compromiso histórico, mis propias narraciones, so pena de que se desvirtúen; ¡tanto lo han hecho!

 El amigo empresario Bobby Tzanetattos, por noviembre de 2015, visitándolo en su oficina de la Vía Simón Bolívar- Transístmica – entre diálogo y diálogo, me sorprendió:- “- Coronel, yo hablo a veces por celular con el General Noriega; ¿le hablaría usted si se lo consigo?”-  Me asombré algo de mi reacción, en medio segundo: - ¡Claro Bobby! Me lo puso al teléfono, y  al instante lo saludé ante su asombro:- “¡Hola Manuel Antonio; francamente te deseo que salgas ya de esas celdas y vayas a jugar con tus nietos; ningún nacional ha pasado hasta hoy tantos años en la cárcel, incluso en el extranjero!” Su voz, que tanto conocí como fría, cáustica e impersonal, adquirió un tono de energía un tanto  cálida:- ¡Hola Roberto, gracias; te deseo lo mejor en tus proyectos! …

Se había cerrado y sellado para mí el libro personal de nuestras insalvables diferencias de tantos años. Si alguna brusca de rencor quedaba en mi inconsciente, se evaporó. . Quién no perdona está condenado a vivir enfermo.

En los protagonistas o testigos, perdonar a los adversarios, hasta a quiénes te torturaron junto a tu familia íntima,  es lo mandatario a nivel cristiano; pero no se deben dejar de narrar los hechos que hacen las bases y ladrillos de la nacionalidad.

Más aun, en un tiempo de redes, google y WhatsApp, donde los programas de Historia se echaron a un tinaco hace buen rato, el crimen de Hugo Spadafora es una huella brutal en la epidermis y la médula espinal de Panamá. Ignorarla es un pecado histórico. *Busque mañana la segunda parte.

 

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