Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

Las declaraciones de la procuradora Kenia Porcell, desalientan. Las amenazas contra los fiscales por los casos de corrupción conducentes al triunfo de la impunidad, vaticinan que el dinero del erario público engrosará las cuentas de personajes con lazos políticos y familiares de poder.

La confesión de la funcionaria debió acompañarse de la identificación de los “poderes políticos, económicos, empresariales y de la banca, interesados en obstruir la justicia", para ganar credibilidad y respaldo. Al inicio de los procesos se anunció que el peso de la ley caería sobre los infractores.

 La promesa se desvaneció frente a la fragilidad institucional, falta de voluntad política y a la maraña de corrupción.  ¿Será posible que este cerco deje al pueblo hambriento de justicia? ¿Quién podrá defendernos? Necesitamos un José Ugaz, que con valentía rescató a Perú de las manos la mafia que saqueó al país, y derrotar el conformismo, porque los robos significan menos millones para educación, salud, vivienda e inversión.  

La democracia lleva implícita la justicia que, según Platón, es signo de estabilidad social. Nuestro grito desesperado busca despertar a esta dama ciega, sorda, lenta y al filo de una hoguera de inmundicia que amenaza devorarnos.* Comunicadora Social.

 

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