Caminata cancer octubre

Súper héroe humano

No recuerdo haberme resfriado y casi nunca he estado enfermo. Mis hijas y esposa sufren dos y hasta tres resfriados comunes al año, pero… ¿por qué yo no’. Una vez me hice esta pregunta. ¿Seré un personaje de los Comics que tiene cierto poder y aún no me han dicho? A manera de broma, he lidiado con mi enfermedad desde que el hematólogo me dijo un día cuál era mi súper poder. Se llama Policitemia Vera, una rara enfermedad de la médula ósea que lleva a un aumento anormal de la cantidad de células sanguíneas, principalmente los glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos blancos.

Desde que el médico me detectó mi súper poder (enfermedad) en el año 2011, presentaba fuertes dolores en los dedos de los pies y las manos.

Adivinen cuál era la causa. Mi hemoglobina rondaba los 24.5 y las plaquetas eran incontables. Eran millones y millones. Mi sangre era tan espesa que no circulaba bien por los capilares de mis extremidades. A partir de allí, me recetaron aspirinas para diluirla y extracciones de sangre que no sé cuántas pintas me han sacado para mantener niveles bajos de hemoglobina (16). Poco después, me recetaron Hidroxiurea. Este medicamento es usado, además de la Policitemia Vera, para combatir la anemia de células falciformes, leucemia mielógena crónica y cáncer cervical. Por la misericordia de Dios y este medicamento es que estoy vivo. Si dejo de tomarlo, corro el riesgo de sufrir coágulos de sangre anormales (ataque cardiaco).


La tragedia de esta historia es que, así como los súper héroes necesitan sus capas o sus trajes, yo necesito la hidroxiurea, de lo contrario mi magia se apagaría si dejo de tomar este medicamento, cuyo precio ronda los cinco (5.00) dólares cada pastilla.

El médico me ha recetado dos y a veces hasta tres cápsulas por día, más la aspirina. Saque su calculadora. Lo peor no es el precio. Es que la CSS no la tiene y casi que en las farmacias privadas tampoco. ¿Qué hago? No puedo dejarme vencer por los malvados de esta trama. Tengo que sacar mis fuerzas para sonreírle a mis hijas Khadine y a Kristin y a mi esposa Yoira. Claro, yo soy su súper héroe y debo estar allí para salvarlas. Así como he relatado mi enfermedad, la cual se oculta debajo de mi piel de manera tan hábil, que no da muestras que la padezco, miles de personas que forman porta de las estadísticas de las 6 mil enfermedades raras en el planeta, sacan a flote los súper poderes. Mujeres, hombres y niños están luchando como yo para seguir adelante con sus vidas con la ayuda de Dios y de sus familiares. No hemos dejado de orar por sanidad, no sólo por mí, sino por esas personas que padecen de alguna enfermedad.

No quiero que la serie de mi vida, que se transmite en las pantallas de los ojos de mis familiares, al mejor estilo de Netflix, deje de transmitirse un solo capítulo, pues, para mis hijas, seguiré siendo un súper héroe y, para los que no me conocen, un humano con poderes especiales.

Luis Alberto Chamorro
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* El autor es periodista.

 

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