Los jóvenes en la línea del frente en Hong Kong, sin líderes ni ilusión

Hong Kong (AFP) -

Los jóvenes de Hong Kong que se enfrentaron esta semana a la policía antidisturbios explican por qué han elegido la estrategia del enfrentamiento tras años de vanas manifestaciones pacíficas contra la erosión de las libertades en la antigua colonia británica.

En una serie de entrevistas con la AFP, estos jóvenes, en su mayoría estudiantes, cuentan haber perdido la fe en las manifestaciones pacíficas y en las campañas de desobediencia civil.

Los líderes de los anteriores movimientos prodemocracia están encarcelados, y por ello carecen de dirección y deben organizarse en pequeñas células.

Este centro financiero internacional, devuelto a China en 1997, fue escenario de violencias sin precedentes el miércoles pasado, cuando los jóvenes se enfrentaron a la policía para protestar contra un proyecto de ley, que ha sido desde entonces suspendido, contra las extradiciones a China.

En la línea del frente, Sharon, estudiante de 18 años, asegura haberse dado cuenta tres días antes que las manifestaciones pacificas no sirven para nada.

Un número récord de manifestantes --un millón, sobre un total de siete millones de habitantes, según los organizadores-- bajaron a las calles para pedir la retirada del proyecto de ley.

El ejecutivo de Hong Kong ha rehusado retirar el texto, aunque sí suspendió temporalmente su proceso legislativo este sábado.

- Material antigases -

'Me dí cuenta de que incluso si un millón de personas se manifiestan, no tiene ninguna repercusión', dice Sharon. 'La gente comprendió que las manifestaciones pacíficas no dan resultado'.

Andrew, de 22 años, y un grupo de ocho amigos se prepararon cuidadosamente antes de ir a la manifestación. Compraron material para protegerse, gafas y papel transparente para envolver alimentos y evitar las quemaduras que provocan los gases lacrimógenos, además de vendas para curar eventuales heridas.

'Nadie nos ha dicho que utilicemos la fuerza o que vayamos a primera línea', asegura.

La decisión de cargar contra las fuerzas del orden para intentar ingresar en el Consejo legislativo (LegCo, Parlamento local) fue espontánea, sin ordenes venidas de arriba.

Es evidente el contraste con el inmenso movimiento prodemocracia de 2014, cuando los manifestantes ocuparon durante más de dos meses barrios enteros para pedir que la elección del jefe de gobierno se hiciera mediante sufragio universal.

Pese a enfrentamientos esporádicos con la policía, el movimiento de entonces fue mayoritariamente pacífico, y dirigido por líderes claramente identificados.

Pero la 'Revuelta de los paraguas' fracasó en obtener la menor concesión, y varias figuras del movimiento, como el líder estudiantil Joshua Wong y el universitario cristiano Benny Tai, están en prisión.

'Lo que habíamos hecho era insuficiente para que el gobierno sintiera la rabia y el descontento del pueblo. por eso ahora hemos decidido cambiar', agrega Andrew.

- 'Radicales y violentos' -

La policía calificó esta manifestación del miércoles de motín, con 'gente organizada, preparada, radical y violenta', según un veterano comisario.

El jefe de la policía de Hong Kong defendió a sus agentes y declaró que fueron atacados con proyectiles potencialmente mortales, como adoquines.

Carrie Lam, jefa ejecutiva pro-Pekín de la ciudad, también criticó los disturbios y rehusó disculparse por la dispersión sin miramientos de los manifestantes, el mismo sábado en que anunció la suspensión del controvertido proyecto.

Pero tanto las fuerzas de seguridad como la propia Lam han sido acusadas de uso excesivo de la fuerza por grupos de derechos humanos, juristas y abogados. Varios padres de familia se manifestaron con pancartas pidiendo: 'No disparen contra nuestros hijos'.

Andrew, que dice haber sido golpeado con porras, asegura que la gente empieza a justificar las tácticas más radicales.

'Había gente con trajes que venía a preguntarnos si necesitábamos algo', afirma.

Leung, una estudiante que participó en todas las manifestaciones de estos últimos años, asegura que su generación 'no tiene nada que perder'.

Para Andrew, las eventuales repercusiones del proyecto de extradición son más fuertes que el miedo a ser detenido. 'Incluso si elijo el confort, y me convierto en banquero, si esta ley es adoptada, me sentiré amenazado'.