Veinticinco años después del apartheid, los sudafricanos están desencantados

Johannesburgo (AFP) -

La elección en abril de 1994 de su primer presidente negro, Nelson Mandela, provocó enormes esperanzas entre una población lastimada por varias décadas de represión bajo el apartheid. Veinticinco años después, muchos están decepcionados.

'Ustedes nos han encargado cambiar Sudáfrica (...) nuestro plan es crear empleo, promover la paz y la reconciliación y garantizar la libertad de todos', proclamó el 9 de mayo de ese año el entonces flamante jefe de Estado al tomar posesión de su cargo.

Cinco legislaturas después, su Congreso Nacional Africano (ANC) mantiene todavía firmemente las riendas del país.

Pero la euforia de las promesas de una 'vida mejor para todos' ha dado paso a la desilusión y a una cólera que pesa en la campaña de las elecciones generales convocadas para el 8 de mayo.

Los datos estadísticos del país no favorecen a los gobiernos que sucedieron al del premio Nobel de la Paz.

Desde 1994, las desigualdades han aumentado y Sudáfrica se ha convertido en una de las sociedades del mundo con el mayor nivel de desigualdad, según el Banco Mundial.

Entre 2011 y 2015, 3 millones de sudafricanos cayeron en la pobreza, según la organización.

A pesar de la emergencia de la clase media, el 20% de los hogares negros viven en situación de extrema pobreza, contra solo 2,9% de los hogares blancos, según el Instituto de Relaciones entre las Razas (IRR) sudafricano.

Aislada por la comunidad internacional debido al apartheid, Sudáfrica tenía que beneficiarse de su retorno a la economía globalizada.

Pero no fue así. Después de un primer período fasto entre 1994 y 2006 en el que llegó a crecer hasta un 5,6%, la economía sudafricana se estancó con la crisis financiera de 2008 y desde entonces ha tenido dificultades para despegar (+0,8% en 2018).

- ¿Nación 'arcoíris'? -

El desempleo gangrena la primera potencia industrial del continente y afecta actualmente al 27% de su población activa, comparado con el 20% en 1994.

Más allá de los números, la corrupción se ha vuelto endémica en la cúpula del Estado y en las empresas públicas desde la presidencia de Jacob Zuma (2009-2018).

Las tensiones sociales, impulsadas por las desigualdades, ponen a prueba a la nación 'arcoíris' con la que soñaba Mandela. La cuestión de la propiedad de la tierra, por ejemplo, irrita tanto a la mayoría negra como a la minoría blanca.

Sudáfrica registra también una fuerte criminalidad. El año pasado, más de 20.000 personas fueron asesinadas, 57 por día.

Contrariamente a una opinión bastante extendida, sin embargo, la tasa de homicidios por 100.000 habitantes ha caído desde el apartheid. En 1994, el país, al borde de la guerra civil, registraba 74 homicidios diarios.

En los 'townships', la población todavía privada de electricidad, de agua o de una vivienda decente ya no esconde su frustración.

'La vida era mejor antes (durante el apartheid) porque los blancos se ocupaban de nosotros', resumió para AFP una pastora negra de un barrio pobre de la ciudad de Coligny (norte), Bella Lemotlo.

'Desde que los negros estamos en el poder, lloramos. Nos mentimos diciendo que vivimos en libertad. Esto no es libertad...'.

En febrero, el presidente Cyril Ramaphosa resumió este desencanto en un discurso ante el parlamento. 'Nuestra democracia floreció (...) pero el camino hacia la verdadera libertad es larga y hemos visto crecer las divisiones de nuestra sociedad', dijo. 'La tarea que nos espera es considerable'.

Es precisamente lo que está en juego en las elecciones del 8 de mayo.