Conversaciones de paz sobre Yemen en Suecia en plena emergencia humanitaria

Rimbo (Suecia) (AFP) -

Por primera vez desde 2016, este jueves comienzan en Suecia unas conversaciones interyemeníes en un contexto de emergencia humanitaria, entre el gobierno, apoyado por la sunita Arabia Saudita, y la rebelión chiita apoyada por Irán.

Estas negociaciones, auspiciadas por Naciones Unidas, serán una rara ocasión para volver a encaminar hacia la paz a Yemen, devastado por cuatro años de guerra que dejaron más de 10.000 muertos y llevaron a 14 millones de personas al borde de la hambruna.

Pero ni beligerantes ni observadores se hacen muchas ilusiones sobre las probabilidades de avances.

Hasta la fecha fracasaron todos los intentos de poner fin a la guerra en el país más pobre de la península Arábiga, que sufre la peor situación humanitaria del mundo, según la ONU.

El mediador de la ONU, el británico Martin Griffiths, acudió en persona a buscar a la capital Saná a la delegación de rebeldes hutíes, que llegó con él a Suecia la noche del martes.

Los representantes gubernamentales llegaron la noche del miércoles a Estocolmo desde Riad.

Griffiths anunció oficialmente el miércoles en Twitter 'la reanudación del proceso político interyemení en Suecia el 6 de diciembre de 2018'.

La ronda de contactos se celebra cerca de Rimbo, en un centro de conferencias del castillo de Johannisburg, un amplio dominio situado unos 60 km al norte de Estocolmo.

Antes de partir rumbo a Suecia, ambos bandos expresaron sus esperanzas moderadas.

Los hutíes 'no ahorrarán ningún esfuerzo en hacer que las negociaciones tengan éxito', aseguró Mohamed Abdelsalam, quien dirige la dirección de los rebeldes. No obstante, estos deberán 'mantenerse vigilantes ante cualquier intento de escalada militar sobre el terreno', añadió.

Según el ministro yemení de Información, Muamar al Iryan, la delegación gubernamental 'lleva con ella las esperanzas de los yemeníes de poner fin al golpe y restablecer el Estado'.

- 'Muy pocas esperanzas' -

El conflicto en Yemen opone a los rebeldes hutíes, apoyados por Irán, y a los partidarios del gobierno del presidente Abd Rabo Mansur Hadi, respaldados militarmente por una coalición liderada por Arabia Saudita.

En la mesa de negociaciones deben figurar sobre todo la reapertura del aeropuerto internacional de Saná, cerrado desde hace tres años, el registro de las zonas minadas por los rebeldes, un alto el fuego y la apertura de corredores humanitarios.

Una fuente diplomática del Consejo de Seguridad de la ONU dijo a la AFP que alberga 'muy pocas esperanzas' de que estas negociaciones permitan avances concretos.

Una ronda previa, celebrada en septiembre, terminó con el rechazo de los negociadores hutíes de viajar a Ginebra si no obtenían la garantía de su viaje de regreso a Saná y la evacuación de los rebeldes heridos a Omán.

Unas negociaciones en kuwait en 2016 fracasaron tras 108 días de transacciones.

Las negociaciones en Suecia se vieron favorecidas por dos factores: la fuerte presión internacional ejercida por Arabia Saudita desde el asesinato, el 2 de octubre, del periodista saudita Jamal Khashoggi en el consulado del reino en Estambul, y la evacuación el lunes de 50 rebeldes heridos hacia Omán.

También se concluyó un acuerdo para intercambiar cientos de prisioneros.

Los rebeldes hutíes, que salieron en 2014 de su bastión del norte de Yemen, tomaron el control de amplias regiones del país,, incluida la capital Saná y la ciudad portuaria de Hodeida (oeste), por la que transita la mayoría de la ayuda humanitaria que se envía al país.

En marzo de 2015, la vecina Arabia Saudita se puso a la cabeza de una coalición militar para ayudar al poder en Yemen a detener el avance de los rebeldes hutíes.

El conflicto fue convirtiéndose poco a poco en una 'guerra subsidiaria' entre los rivales regionales saudita e iraní, y arrastró a millones de civiles al exilio y el hambre.

Casi 80% de la población de Yemen, es decir, alrededor de 24 millones de personas, necesita algún tipo 'de protección y una asistencia humanitaria', según la ONU.

En el conjunto del país hay 18 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria, de los que 8,4 millones sufren ya 'hambre extrema'.