En ciudad iraquí de Basora el agua salada y contaminada destruye todo a su paso

Basora (Irak) (AFP) -

En un hospital de Basora, Yunes Selim se retuerce de dolor de barriga. Está intoxicado por el agua, como miles de iraquíes de esta provincia costera del sur de Irak.

Selim sufre cólicos. A su lado otros pacientes deshidratados por las fuertes diarreas se encuentran bajo perfusión. Todos han bebido agua del grifo porque la embotellada es demasiado cara.

'Sólo damos agua mineral a nuestros tres hijos pero mi mujer y yo tenemos a menudo que beber agua del grifo', murmura a la AFP.

Desde el 12 de agosto, 'más de 17.000 pacientes han ingresado por diarreas, cólicos y vómitos', declara a la AFP Ryad Abdel Amir, a la cabeza de la Dirección de la Salud de Basora (sur), una de las provincias más pobladas del país y la única con acceso al mar.

En 11 años este responsable nunca ha visto semejante crisis, agravada por la vetustez de los servicios públicos y la subida de los precios. Por el momento los enfermos se curan pero la situación se deteriora, asegura.

Um Haydar, una vendedora del mercado, tiene muchas dificultades para aprovisionarse de agua filtrada para su familia de 30 personas. 'Mil litros cuestan 20.000 dinares (17 dólares)' cuando hasta hace poco valían 5.000, se queja esta abuela.

- Estuario 'vertedero' -

El agua escasea en todo Irak, debido a la sequía, pero el caso de Basora es peculiar porque concentra todos los males: agua contaminada y salada, servicios públicos lamentables, cortes de corriente y alcantarillas al aire libre, polución atmosférica debido al petróleo...

Desde hace dos meses la ciudad es escenario de protestas. El primer ministro Haider al Abadi explica que 'desde hace décadas' el índice de salinidad del agua aumenta y la concentración de cloro baja. Y este año hubo 'menos lluvia'.

Irak comparte con Irán el Shat Al Arab, donde confluyen el Tigris y el Éufrates. Este estuario siempre estuvo formado por el agua salada del mar y el agua dulce de los dos ríos.

Las guerras y las presas que han dañado el ecosistema hicieron subir el agua salada a hasta 40 km de Basora.

Y a la sal hay que añadir las aguas residuales de este país de 38 millones de habitantes que contaminan el Tigris y el Éufrates.

En Basora las aguas residuales se vierten en canales que acaban en Shatt al Arab, a lo que se añade la contaminación de la industria petrolera, principal fuente de ingresos en Irak, y de la petroquímica del vecino Irán.

'Shatt al Arab se ha convertido en un vertedero y desde hace 15 años las depuradoras no se han renovado', afirma alarmado Faisal Abdalá, del consejo gubernamental de los derechos humanos, que lucha por declarar a la provincia 'siniestrada' para obtener fondos especiales y cuotas de agua dulce.

- 'La peor temporada' -

El piscicultor Jasem Mahmud perdió este año todos sus 50 millones de alevines y está lleno de deudas. 'Es la peor temporada' en 25 años. 'Y seguramente el último año para nosotros'.

Más lejos, a orillas de los estanques piscícolas, cientos de peces se pudren al sol sobre una tierra agrietada. Otros flotan en el agua.

Kazem al Ghilani saca una muestra del agua de su estanque: 'la salinidad alcanza 12 mg por kg de agua. En tiempos normales, varía entre 1 y 1,5 mg', explica este ingeniero agrícola.

El doctor Abdel Amir está preocupado. El agua salada tiene una concentración de cloro muy baja y con las temperaturas más clementes del otoño se darán las condiciones idóneas para el cólera.