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Policía rumana emplea gases lacrimógenos para dispersar manifestación contra el gobierno

Bucarest (AFP) -

Las fueras de seguridad recurrieron a un cañón de agua y gases lacrimógenos para dispersar a decenas de miles de manifestantes este viernes en Bucarest durante una protesta contra el gobierno socialdemócrata.

Entre 50.000 y 80.000 personas, según medios locales, se concentraron en el centro de la capital para exigir la renuncia del gobierno, al grito de 'dimisión', 'ladrones' o 'no cederemos'.

Miles de manifestantes habían llegado desde el extranjero para expresar su hartazgo ante la 'ausencia de progreso' en su país natal, pero fueron dispersados por un millar de gendarmes y policías antidisturbios.

Casi 250 personas requirieron atención médica por haber inhalado gases pimienta y lacrimógenos, mientras que una decena de gendarmes resultaron heridos por el impacto de piedras y botellas, según los servicios de emergencias.

El presidente del país, Klaus Iohannis (centro-derecha), 'condenó firmemente la intervención brutal de la gendarmería, desproporcionada respecto a la actitud de la mayoría de manifestantes' pero precisó que 'cualquier forma de violencia es inaceptable'.

'El ministerio de Interior debe dar explicaciones sobre la gestión de los acontecimientos', escribió en su cuenta de Facebook.

Stefan e Ileana Anghel, de unos 40 años, cruzaron Europa en coche para participar en la manifestación.

'Desgraciadamente, nada ha cambiado en Rumanía. Nos gustaría ver carreteras y escuelas modernas y, sobre todo, no tener que pagar más sobornos a izquierda y derecha', dijo a la AFP Ileana, que trabaja, como su marido, en el sector de la agricultura en Alicante (sureste de España).

Desde su vuelta al poder a finales de 2016, el Partido socialdemócrata (PSD) lanzó una amplia reforma de la justicia que amenaza la independencia de los magistrados y que busca permitir a los responsables políticos evitar procesos, según sus detractores.

La reforma provocó una oleada de protestas de un alcance sin precedentes desde la caída del régimen comunista a finales de 1989, con medio millón de personas en las calles en febrero de 2017.

Alrededor de cuatro millones de rumanos (de una población de 20 millones) trabajan en el extranjero.

En 2017, enviaron a sus familias en Rumanía remesas de 4.300 millones de euros, casi un 2,5% del Producto Interior Bruto de ese país, uno de los más empobrecidos de la Unión Europea.