EDITORIAL: La culpa es de Nicolás Maduro

La realidad de la crisis de Venezuela plantea la necesidad de recurrir a la negociación para superar el callejón sin salida en que se encuentra estancada.

 

Si fórmula tan sencilla para algo así de complejo no ha fraguado, obedece a la intransigencia de Nicolás Maduro para allanarse a ella y además porque todo lo que acepta emprender en esa dirección, es para ganar tiempo.

 

Pero es un hecho que la férrea presión internacional a su régimen no ha logrado doblegarlo, mientras el gobierno Interino de Juan Guaidó no avanza más allá del punto donde se hallaba hace tres meses.

 

Con la coincidencia general de que no puede alentarse nada que implique una intervención armada, queda claro que los venezolanos deben arbitrar por ellos mismos las respuestas que necesitan.

 

Así lo ha expresado el nuevo mandatario panameño a través de entrevista con CNN, manifestando la voluntad de ofrecer a Panamá como intermediario entre las partes en conflicto.

 

Nuestro país tiene una noble trayectoria en su vocación de aproximar pueblos hermanos en situaciones parecidas. Lo anterior no puede implicar que se baje la guardia con el tirano de Miraflores.

 

Todo lo contrario, hay que seguir apoyando a la inmensa mayoría de los venezolanos con todo el peso que encarnan los valores de la democracia, fundamentalmente el de la libertad.

 

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