Historia de la infamia

No hemos cambiado mucho desde la Antigua Roma, cuando degradar el honor civil de un ciudadano significaba su infamia. El afectado no podía acceder a cargos públicos ni votar en las elecciones, limitando sus facultades sociales.

Lo que viene a diferenciarnos es la figura del censor romano, reemplazada por todo el que desde una tribuna masifique su mensaje. Y a diferencia de la ley romana, que supeditaba la infamia a la condena, el orden de los factores poco importa hoy, pues el detractor, autonombrándose censor, es un magnífico déspota.

 

 

mario lara
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