EDITORIAL : Nuestra identidad social

Es conocida la precaria atención que se presta en el país a la enseñanza de la música, especialmente la clásica, lo que la convierte en una de las más postergadas expresiones de las bellas artes en cuanto a promoción oficial y apoyo privado. Lo que obviamente sirve para desestimular el interés entre los jóvenes que deseen aproximarse a su conocimiento o abrazarla como vocación.

 

Aunque igual sucede con las demás manifestaciones artísticas en nuestro medio, la música clásica es víctima particular de dicha subvaloración social que, por lógica, halla su primer frente de resistencia en muchos hogares para los cuales un jugador de fútbol es mucho más prometedor que un pianista.

 

La situación viene agravándose con el retroceso visto en los últimos años en los niveles escolares y universitarios, la carencia instrumentos necesarios para su práctica y la ausencia de nuevas infraestructuras para atraer y estimular nuevos talentos entre niños y jóvenes.

 

Que no se culpe de esto a las nuevas tendencias puesto que estas, las tradicionales y las clásicas, tienen razón de ser como expresión del ser nacional, a condición de que sean promovidas como componentes de nuestra identidad social.

 

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