De vicepresidentes y responsabilidades concretas

Al menos en Panamá, el vicepresidente de la República está ahí, por si hace falta. Pero sus tareas no son precisamente claras, hasta que el Jefe de Estado le asigna funciones determinadas.

Las razones que los convierten en tal pueden ser tan variadas como inimaginables, eso sí con el supuesto denominador común de sumarle votos al candidato presidencial respectivo. Y no son pocos los casos en que, logrado el poder, la relación entre ambos suele ir del distanciamiento a la hostilidad abierta.

 

Es de esperar que - en favor de la democracia que dicen postular quienes ahora buscan la presidencia de la República – sus vicepresidentes asuman el compromiso de responder por objetivos concretos de interés general, renunciando a ser meros elementos decorativos en la escena nacional.

 

 

A través del segundo a bordo puede aligerarse algo o mucho del excesivo presidencialismo que hasta ahora concentran nuestros gobernantes, aspecto que tan pobre servicio le presta tanto a la gobernabilidad como a la institucionalidad del país. Ojalá también en esta materia, las urnas nos traigan vientos renovadores el próximo cinco de mayo.

 

 

 

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