La libertad de expresión ante todo

Por ciclos, se dan oleadas de demandas de personajes públicos o no contra comunicadores sociales. Alegan los quejosos calumnia e injuria al sentirse agraviados por periodistas que denuncian supuestas prácticas corruptas.

Es lo visto durante las últimas semanas en el país donde, en vez de explicar, aclarar y rendir cuentas sobre actos cuestionados que escandalizan a todos, algunos recurren a las instancias judiciales, en unos casos para cerrarle el camino a la ley, y en otros para mostrarse ante la sociedad como los más transparentes y los más honestos.

Descalificar al mensajero y desacreditarlo echando sobre sus hombros causas mayores que las suyas propias, es el método al que recurren quienes no tienen argumentos para demostrar que no nada deben.

Pero el país los conoce cada día más en su andadura moral y los identifica debajo de su disfraz de encarnación de la decencia.

 

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