Renunciar: el verbo más ignorado en Panamá

Nuestra sociedad suele ser, en extremo, tolerante con los abusos. Así, terminamos por aceptar ser víctimas calladas de cuanta ingeniería se proponga esquilmar nuestro presupuesto familiar con cargas tributarias de la índole que sea, o alzas exorbitantes en el precio de los productos o servicios que más necesitamos.

Por eso, todas las administraciones hacen lo que les parece, como lo intenta la actual con el incremento de la tarifa eléctrica. Piensan que pueden llevarlo a cabo ocultando sus responsabilidades en el asunto y derivándolas al bolsillo de los usuarios.

Además, con la mentira sin decoro de que no todos los panameños van a ser afectados, como si los que ellos calculan fueran de otro país.

Sobre argumento tan falaz ya se han pronunciado empresarios, sindicatos, estudiantes, educadores, ciudadanos del común.

Todos coinciden en que quienes tienen la culpa de no instrumentar, en el tiempo indicado, las respuestas que exigen nuestros problemas, pese a su previo diagnóstico y ejecución comprometida, deben responder al país, apartándose de sus cargos.

 

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