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Mont-Saint-Michel, una fortaleza amurallada en pleno siglo XXI

Pocos sitios en el mundo comparten el misticismo y el atractivo de esa pequeña isla rocosa que allá por el siglo X colonizaron los monjes benedictinos y que bautizaron con el nombre de Mont-Saint-Michel.

El ‘mont’ es uno de los monumentos más espectaculares y reconocibles de Francia y uno de los imperdibles cuando los vientos viajeros nos llevan hacia la región de Normandía.

La emoción de su visita comienza desde que a lo lejos intuimos su silueta y no hace más que acrecentarse a medida que nos acercamos y distinguimos la forma elevada de su villa amurallada y la torre de su abadía, desde donde observa triunfal una estatua del Arcángel Miguel.

Recorrido

Las vistas intramuros no son menos impresionantes, ya que albergan una ciudadela medieval conservada con sus característicos callejones estrechos, con sus cuestas, sus puertas, escaleras, arcos y edificios en piedra y en lo más alto de la roca, la magnífica abadía del Mont-Saint-Michel. Vale la pena pasar así sea una noche ‘dentro del monte’, al caer el sol, cuando las hordas de turistas se van, la isla queda sola y en calma para el disfrute de unos pocos afortunados.

Para comunicar la isla con tierra firme en un principio se construyó una calzada que tristemente obstruyó el flujo marino y estuvo a punto de convertir permanentemente la bahía del Mont-Saint-Michel en una gran pradera salina. Para contrarrestar dicha alteración, en los últimos años se eliminó la calzada y se construyó un puente-pasarela que permite el paso del mar y acceso al monte.

Actualidad

Eso sí, atrás quedaron los años en los que era posible acercarse a la isla a bordo de vehículos particulares; la remodelación también se aprovechó para convertirla en un lugar libre de autos, permitiendo solo el acceso a pie o a bordo de un autobús local.

Estos cambios fueron necesarios ya que algunas de las experiencias más entrañables que se pueden vivir en el monte las brindan el movimiento de las aguas del mar.

Durante la bajamar es común recorrer –siempre con un guía– la arena que rodea la isla hasta llegar al islote de Tombelaine, al que hace referencia Víctor Hugo en una de sus obras como ‘la tumba de Belcebú’.

Cuando se da el fenómeno contrario, la velocidad con la que el agua sube y llega hasta las propias puertas de la isla es tal que se dice que ‘atraparía a un caballo a galope con facilidad’. Cierto o no, el hecho es que el Mont-Saint-Michel y su bahía son el escenario de las mayores mareas de Europa continental.

Sin un aeropuerto grande cercano, la mejor forma de llegar es alquilando un auto desde París o desde la ciudad de Rennes. Antes de programar cualquier viaje al Mont-Saint-Michel, vale la pena consultar la tabla de mareas para asegurarse de visitarlo durante los días en los que se pueden apreciar estos enormes cambios en las mareas a su alrededor.

Natalie Jurado Solanilla
www.perroviajante.com
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