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Una debilidad endémica, de los gobiernos democráticos ha sido, desde 1990, la falta de un plan de Estado en materia de comunicación.

Para que los ciudadanos no sean presas de la especulación, rumores y desencantos, la información a tiempo es fundamental en estos días en que la redes sociales imponen las pautas y establecen los temas de muchos asuntos.

Los ministros y funcionarios deben ser “parlanchines” en el buen sentido de la palabra porque si no se cacarea el huevo, es como si no existiera.

JAMES APARICIO
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