Le digo no a Pendejistán

Si vivieramos en Pendejistán, el país donde reinan los tontos, aceptaría que nada cambiará y que los vivarachos le ganaron la batalla a la honestidad humana.

No sé cuántos son, pero soy de ese grupo insensanto y también soñador que cree fervientemente que el reinado de la impunidad tiene sus días contados.

Con las cifras de crecimiento económico que nos ha dicho son para causar envidia, no es justo que los servicios públicos de salud sean deficientes, la pobreza se afiance y la falta de dinero sean un problema sin solución.

 

Imprimir Correo electrónico