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Nací en la década de los 80 y aunque no soy tan vieja, sí viví la época en que los padres eran más estrictos con sus hijos, en la cual para obtener lo que queríamos, primero debíamos ganarlo con un buen comportamiento, acompañado de buenas calificaciones.

Recuerdo muy bien que no era necesario un regaño, con una simple mirada de “si no lo haces ya verás el chancletazo”, entendíamos y corríamos a hacer lo que ellos querían sin “refunfuñaderas” y mucho menos enojos.

Por lo general, en las familias de antes había más integrantes, lo que significaba más logística por parte de los padres, así que existían reglas puntuales que se debíamos cumplir en el tiempo y el orden cómo lo decían. Además, compartíamos la ropa y zapatos, es decir, los más pequeños heredábamos de los mayores sin problema, porque cuidábamos lo que nuestros padres con tantos esfuerzos nos daban.

Veo que hoy en algunos hogares los que mandan son los hijos, les levantan la voz a sus progenitores y éstos corren a complacerlos; en el peor de los casos hay hasta insultos y golpes de por medio, soy testigo de esas pataletas.

Como los padres no tienen tiempo para educarlos los premian desde muy pequeños. Tienen mucha ropa en el armario y, a veces, ni siquiera la usan, no comparten cuartos con nadie y derrochan lo que sus progenitores les dan. Cuando pasa el tiempo y obtienen un título, no aportan un real en los gastos del hogar y todo lo ganado en sus salarios lo invierten en fiestas, marcas y paseos, sumado a esto, tienen los mismos privilegios y el respaldo de quienes le dieron la vida. Los padres cometen el error de dejarlos romper las reglas de la casa, y hasta le hacen frente a los problemas de sus hijos, pues siempre los ven como pequeños, es una sobreprotección que no los deja afrontar la vida como debe ser. Error.

Los padres son los únicos culpables de educar a irresponsables y acomodados que no aportan nada al país. Hay que dar el ejemplo que nos dieron quienes ahora son abuelos y dejar de criar chiquillos malcriados y chantajistas, que con un berrinche quieren ganarse todo sin grandes esfuerzos. Ninguna persona es más perjudicada que la que formará parte de las futuras generaciones; después les tocará luchar contra el mundo sin respaldo y caerán poco a poco al abismo, algunos terminan en actos ilegales. ¡Ojo padres más educación y menos complacencia!

*La autora es periodista en Metro Libre.

Karoline Santana
ksantana@metrolibre.com