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Una sociedad Zombi

 

Los avances tecnológicos y el fácil acceso al internet han traído consigo un sinnúmero de ventajas para las personas, ventajas que se han convertido en facilidades, ya se puede hacer la compra de un producto desde la comodidad de nuestros hogares, realizar el pago de servicios, acceder a información de último minuto y conversar en tiempo real con amigos y familiares con tan solo dar un sencillo click.

Pero el mal uso y el uso excesivo de este beneficio han logrado mantener bajo su dominio a la sociedad y la transformó en una ciudad Zombi que simplemente obedece las órdenes mágicas de un hechicero que lo ha convertido en su esclavo.

El uso de esta herramienta dejó a un lado las conversaciones tradicionales y como consecuencia ha generado cambios importantes en la estructura familiar, social y laboral, que desde los inicios de la humanidad, formaron parte del convivio con nuestras amistades y consanguíneos.

Es lamentable ver cómo un aparato tecnológico ha reemplazado la coexistencia entre las personas, solo basta pasar por restaurantes, colegios, empresas, etcétera, a la hora de almuerzo para darnos cuenta cómo se ha deteriorado el diálogo tradicional por mantenernos prisioneros de la innovación.

El apego y la exageración del uso de un dispositivo móvil, nos convierte en un ser frívolo, nos despoja de la visión y el disfrute de la vida, nos hace perdernos de momentos maravillosos, como el tacto humano que arraiga sentimientos, se nos pasa el tiempo y perdemos el valor de nuestra vida.

Las actividades deportivas al aire libre se han transfigurado para los adolescentes, en horas continuas tras un aparato electrónico, ya no se aprovecha el tiempo libre para las actividades ajenas a estas, el nuevo pasatiempo de esta generación es la adicción a estos artefactos.

Como una vez dijo Albert Einstein, el científico más conocido y popular del siglo XX. “temo el día que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas”. La tecnología móvil se ha vuelto indispensable en lo cotidiano, pero no debemos olvidar la verdadera esencia de la existencia humana.

Yessika Calles
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*La autora es periodista en Metro Libre.

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