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Un gobierno de tres velocidades

En algún momento a alguien se le ocurrió decir que este era un gobierno lento, que demoraba sus acciones, así como la toma de decisiones. Y como abundaron las pruebas, se le aplicó el mote que todos conocemos, pero que en lo personal no me agrada para nada utilizarlo.

Sin embargo, pareciera que muchos de los funcionarios actuales piensan que el tiempo que les queda es infinito y, por tanto, no hay necesidad de apurarse. Nada les preocupa. Todos siguen el ejemplo de los jefes que piensan que “el apuro trae cansancio”.

Conversaba con un empresario que tiene negocios con el gobierno y se quejaba de la demora en los pagos por trabajos realizados o materiales entregados. Algunos casos hasta con más de un año de atraso y no hay forma que se les cancele. Con el agravante de que si suspenden el servicio, se les incluya en la “lista negra” de los que no pueden brindar servicios al Estado.

Muchos de ellos están al borde de la quiebra. Han usado sus fondos de reserva para sobrevivir y con la esperanza de que en algún momento se tome la decisión de empezar a pagar. Pero, pareciera que eso, por lo pronto, no ocurrirá. Hay insensibilidad e indiferencia por los funcionarios autorizados a efectuar los pagos. No firman los documentos, que tienen más de tres meses pendientes y la respuesta es que tienen “mucho trabajo acumulado”; o en la mayoría de los casos, “están de viaje”. Eso sí, hay un contagio por conocer el mundo como si se fuera a acabar o si este es más interesante cuando el dinero sale del bolsillo de quienes pagamos impuestos.

Pienso que el presidente Juan Carlos Varela debe prestarle atención a este problema. En algún sitio hay una falla tremenda. Se culpa principalmente a la Contraloría, aunque no faltan los que con los ejemplos del gobierno anterior prefieren “poner su barda en remojo”. Hay entidades donde la lentitud es tan desesperante que pareciera rayan en la ineficiencia, como es el caso del MOP, el Tránsito, el IDAAN, la Autoridad de Turismo, Educación y el Seguro Social, entre otras. Por supuesto que abundan los pretextos y las excusas, aunque lo único cierto es que hasta el momento solo cuentan con tres velocidades, a saber: “lento, súper lento y parado”. Qué pena por ellos, pero sobre todo, por los ciudadanos de este país.

*El autor es periodista.

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