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Un buen hombre, un mal gobierno

 

Intento entender al presidente Juan Carlos Varela en su evidente intención de no hacerle caso a las encuestas y aunque estas sean una crítica a su plan de trabajo, él prefiere ser leal a sus amigos olvidando aquel precepto que dice que ‘la mejor amistad es la que no perjudica’. No tengo la menor duda. Es un hombre bueno. Lo he tratado solo un par de veces y de aquello fue mucho antes que siquiera él soñara con ser gobernante. Afable, siempre sonriente, decente; en pocas palabras, la definición de un buen tipo.

Sin embargo, su llegada al poder, en un triunfo que parecía imposible, lo convirtió en mandatario del país. Sus promesas respondían, igual que la de sus adversarios políticos, a las necesidades más importantes de la comunidad nacional. Para ello, buscó entre sus aliados la estructura de un gobierno que fuera diferente.
No ha sido así. Lamentablemente “tuvo mal ojo” para escoger a su equipo de trabajo. Lo realmente penoso, es que pareciera responder a aquella máxima de “a los tuyos con razón o sin ella”, ignorando de paso que “a los amigos se les acompaña hasta la tumba, pero jamás uno se entierra con ellos”.

Peor aún y por mucha diferencia, las que califican a su gabinete. Sería largo enlistar estas deficiencias. Están muy mal parados los responsables de la recolección de la basura, del arreglo de las calles, caminos y avenidas, del suministro de agua potable, de la seguridad social, del turismo, la seguridad pública, el sistema educativo, el tránsito, etcétera.

Hay críticas por la cantidad de dinero que se usa en pagar pasajes de avión y viáticos a otros países, no hay certeza del castigo, la justicia camina lento y, aunque esto último corresponde a otro órgano del Estado, no cabe duda que la percepción lo ubica como uno de los responsables.

El país se debate entre el alto costo de la vida, la amenaza del desempleo creciente, una política demasiado permisible en la llegada al país de ciudadanos de naciones amigas que, por una u otra razón, vienen encandilados por la supuesta danza de “dólares” en Panamá.

No todo es malo. Pero “la lealtad hacia sus amigos” lo tienen prisionero de muchos casos que lo afectan y lo más grave es que no se observa ninguna intención de sacudírselos de encima. Así de simple. Ojalá que no peque de obstinado y enderece el rumbo antes que sea muy tarde.

Euclides M. Corro R.
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*El autor es periodista.

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