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En esto días leí que el lenguaje evoluciona de manera constante. Se dice que cada 14 años las palabras de moda dejan de estarlo. Vaticinan que vocablos en boga como “selfie”, “metrosexual”, y otros caerán en desuso o en el olvido. Términos raros o extranjerismos, nos toman por sorpresa y ésta se acrecienta cuando el diccionario de la Real Academia Española (RAE) los incorpora.

Me atrevo a asegurar que en los últimos 30 años ha habido más adición de locuciones, que en los 300, de fundación de la academia, reflejo de la acelerada evolución de la lengua española. Tal vez por los avances de la tecnología, la ciencia y la informática de esta aldea global en que se ha convertido el mundo.
La actualización de términos y definiciones del idioma que hablan 500 millones de personas en cuatro continentes, se publica en una nueva versión del diccionarios de la RAE, cada decenio.

El caso es que pensar en la ruta de las palabras, su viaje a través de las épocas, me hizo reflexionar en cuál sería la palabra de moda en Panamá. Hace unos años acepciones como “consesuado”, “implementar”, “liderar”, “evidentemente”, frases como “al final del día”, “nunca jamás”, “más sin embargo” se tornaron virulentas en los medios de comunicación.

Periodista que se preciaría o entrevistado que deseaba figuretear las usaban para referirse a cualquier tema. Terminologías que replican en prensa, radio y televisión, hasta el cansancio, llegando a enfermar. Pero, volviendo al tema de elegir la palabra del año, sin duda se la lleva tamal. Si usted le pregunta a un taxista, vendedor ambulante, dueño de restaurante o alguien relacionado a una actividad económica, cómo anda la cosa responde: “ta…mal”. Sobre seguridad, salud, educación, transporte, servicios, canasta básica repiten: “ta…mal”.

En víspera de Navidad y Año Nuevo el tamal, masa de maíz rellena de carne, envuelta en hoja vegetal, no puede faltar en la mesa del convite, con ello su mención puede que rompa récords. Y aunque mi abuela decía que cuando uno nace para tamal del cielo le caen las hojas, indicando que las personas tienen un destino marcado, para el 2017 decido cambiar el rumbo y el menú. Le invito, estimado lector, a suplantar el “tamal” por el “bienmesabe”, receta de leche, crema de arroz y raspadura con el fin de endulzar el paladar y la vida.

María Teresa Patiño Amor
mariapat62@gmail.com
*La autora es comunicadora social.