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La educación de padres a hijos de los últimos años está dejando mucho qué desear. El comportamiento de los “adultos” ha llegado al punto de ser vergonzoso y, por ende, igualmente, sus descendientes siguen esos pasos.

Durante el mes de noviembre se culpa al sistema educativo de la falta de conocimientos de los jóvenes de las fechas y hechos importantes, pero cuánto sabe usted de esos momentos, qué tiempo se ha tomado para hablar con sus familiares de las celebraciones patrias en lugar de preparar los atuendos que lucirá durante una celebración que ni usted sabe de cómo surgió. Sabe acaso qué significa el rojo, blanco y azul, cuál es la manera correcta de colocarse la pollera o, por lo menos, el significado de los tembleques. Si en la escuela no le dieron esa orientación a su vástago, lo mínimo que puede hacer en buscar la información en un libro o desde su teléfono inteligente.

Mientras está pasando sus días de descanso en la playa o visitando a su familia tómese el tiempo de explicarles a las personas que le importan lo que simbolizan estos eventos. Hágalo por “Amor a la Patria”.

De la misma forma, luego de las llamadas Fiestas Patrias, incluso en medio de una y otra fecha, serán muchos los padres que aprovechan para adelantar las compras navideñas, entre ellas los obsequios, ahora, se ha sentado por lo menos un instante a pensar en cuál es el mejor regalo para su hijo. Y no hablamos de lo más actual, o su personaje favorito ni siquiera de lo último en tecnología. Es ese regalo que recordará siempre, ese detalle que recompensará un año de trabajo arduo en el aula de clases, su buen comportamiento dentro y fuera de casa.

No retribuya las groserías, los fracasos escolares, la falta de empatía de sus hijos solo porque es moda, porque es época de dar, porque es Navidad o porque los demás tienen; sería bueno que le inculque las ventajas de ahorrar, que entienda lo que simboliza dar a quién más lo necesita y se lo merece, que aprendan que los buenos y malos actos se toman en cuenta. Y si fue un buen niño o niña, compre solo lo que necesita, lo que le divierta, sobre todo, aquello que lo ayuda a ser una mejor persona. Una buena opción es buscar una fundación o actividad que le permita ayudar a otros.

Un hecho vale más que mil palabras y es mejor es dar que recibir.
*La autora es periodista en Metro Libre.