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Hablar del tema educativo en nuestro país provoca una evidente sensación de frustración. Y es lógico que esto suceda frente a la evidente incapacidad de las autoridades del sector en primera instancia, al no enfrentarlo de manera integral y con honestidad. Pareciera que los gobiernos de la nueva era democrática no han podido encontrar líderes genéticamente capaces de solucionar o, al menos, reinventar una fórmula que nos permita un cambio. Lo único cierto es que las acciones realizadas van desde tímidos esfuerzos hasta la desleal indiferencia.

Una grave situación en que poco se ha intentado en el afán de alcanzar objetivos que nos coloque, en este mundo globalizado, al menos entre los países que caminan por la ruta correcta. Es decir, no existe una verdadera seriedad entre los que tienen que buscar una solución. Hasta ahora, nos quedamos con la sensación de lo mismo de siempre; buenas intenciones, promesas y, porque no decirlo, 'mucho show mediático', pero todo ha sido puro ruido y en realidad no ha ayudado a determinar cómo erradicar el problema de raíz.

En los últimos tiempos, reitero, han intentado de todo. Desde la entrega de computadoras, internet gratuito a nivel nacional y la beca universal. Inexplicablemente, este último beneficio no le exige ni siquiera notas aceptables a los estudiantes, por no decir excelencia en su desempeño escolar.
Y si quisieran decir lo contrario, las cifras al final nos brindan la radiografía de tanta incapacidad. En lo que va del año se han pagado $181 millones en la beca universal y aún así, durante el primer trimestre escolar del presente año, se registraron 183 mil estudiantes fracasados. Y pareciera que a corto plazo no existe esperanza alguna. Es cierto que hay plena conciencia sobre el problema. Incluso, que lo primero a hacer es eliminar la exagerada burocracia en el Ministerio de Educación e igual, atacar la corrupción e ineficiencia.

Una situación que se repite año tras año, a lo que hay que sumarles las malas condiciones de los planteles, la falta de implementos, así como el pago atrasado de salario a los educadores. Finalmente, reconocemos el esfuerzo de organizaciones cívicas que enfrentan el tema a través de conferencias, foros, etcétera. Sin embargo, es probable que en toda esta tarea al final no se ha tomado en cuenta al factor principal; o sea a los estudiantes. Estoy seguro que ellos también tienen su verdad y se necesita escucharlos.

Euclides M. Corro R.
emacor@cwpanama.net

*El autor es periodista.