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Deuteronomio

Una diligente exhortación a la fiel observancia de la ley del Sinaí. Último libro del Pentateuco, escrito por Moisés, en tres sermones para edificar un gran sentido humano y profunda espiritualidad.

Los carismáticos le han atribuido a este desconocimiento la pérdida de la territorialidad espiritual del Evangelio y desde luego de nuestra iglesia extendida por toda la tierra.

Y, ¿porque el mensaje de Moisés nos interpela a los venezolanos? Pues porque estamos descritos. Quizás por pensar más en lo político que en lo económico o quizás porque seguimos, según el sabio Herrera Luque, “ajenos a la marcha de nuestro tiempo y a la necesidad de expresarnos en símbolos diferentes. Para nosotros la vacada es la enciclopedia y los sucesos de la llanura infinita nuestra universidad”.

Más allá de su innegable valor literario, representa la verdad y la miseria que nos conduce como pueblo, es más importante una movida política como un referéndum que la siembra. Pretendemos ser blancos tan seguro de lo mulato que somos.

El Deuteronomio ordena que no deberá haber pobres en medio de ti, pero la deuda social, nos condena.

Sobre la territorialidad espiritual y el olvido de un llamado a una vida santa lo ocultamos. Se está permitiendo al pueblo la hechicería, la adivinación y la brujería.

Nosotros no hemos respetado la obediencia. Y la obediencia en Dios nos puede poner por encima de todas las naciones del mundo.

Todo será bendito las ciudades y los campos, las cosechas, los hijos, los rebaños, las manadas y paneras.

Nosotros resolvemos con dificultad las maldiciones a la desobediencia.

A nuestra terquedad parten nuestros mejores profesionales a trabajar como esclavos.

En fin, el Papa Francisco se ha dado cuenta de nuestra desgracia y acaba de nombrar al Arzobispo Baltazar Porras como nuevo Cardenal, con la fuerza de Dios que nos conduce, y con el poder de Dios que nos sostiene, lo que sin duda como buen historiador le permitirá obtener victoria sobre la territorialidad espiritual en momentos en que la evangelización y la comida deben ser más importantes que los hechiceros de la política o incluso los brujos de la economía.

Ricardo Corro Paolini
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*El autor es abogado.

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