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Corazón de espía

 

A primera vista Eugenia Montes aparece en la escena de la cerámica venezolana con la elocuencia de la ciencia cardiovascular. Matemático de profesión, ya discutimos con esta artista plástica del alcance de la cultura como hecho de transformación social. Y, desde luego, de la ciencia.

En su último trabajo del que he tenido el privilegio de observar detalladamente están unos corazones de arcilla relacionados con la tecnología y la innovación.

Elementos que por su obsolescencia programada tendrán el privilegio de hacer soñar al espectador que ante el temor de la funcionalidad de esos corazones se interrogan si ¿Christiaan Barnard, célebre cardiologo de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, trabajaría de esta manera tan poética y atrevida?

Eugenia González Montes, su nombre de nacimiento, nos invita a comparar la exactitud de nuestros latidos con instrumentos de precisión siempre superpuestos corazón - tecnología y no a la inversa.

Una desafiante postura en contra del culto a la personalidad que la revolución cultural caraqueña ha venido desvirtuando.

Preparados para una agencia de detectives ingleses capaces quizás de saber y determinar si el corazón de los humanos superara siempre a la lógica, a la cultura desbordante de la innovación una era donde se terminan relaciones por las redes, donde la política se ocupa sólo de ponderar sus alternativas frente al poder y en que la ciencia, en vez de estar al servicio de la humanidad, te cobra y te ensordece, los corazones de espía están latiendo.

Un total de corazones de gres abiertos por cada objeto, un corazón sin sus 10 partes principales a nivel morfológico, pero Montes con sus manos ha forjado como músculoprincipal del cuerpo una vena cava superior con sensación de pálpitos y todo, y una arteria pulmonar izquierda.

Serán suficientes para dejarse encantar por esta propuesta que nos recuerda la importancia del amor en épocas de tanta indiferencia, materialismo y tecnología.
Una insuficiencia cardiaca o cardiopatía isquémica severa que nos agobia, una valiosa oportunidad de verla en Panamá próximamente para quizás aprovechar esos corazones y hacer los trasplantes necesarios para acabar con todo lo que nos entristece... pero que no deja de palpitar así esté petrificado.

Ricardo Corro Paolini
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*El autor es abogado.

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